jueves, 15 de septiembre de 2011

Semana de Roald Dahl. Cuentos en verso para niños perversos.

                  Continuando con nuestro humilde homenaje y con nuestra semana especial, hoy vamos a hablar de uno de mis libros favoritos, los Cuentos en verso para niños perversos. Solo el título ya es llamativo, ¿niños perversos? Y habrá quien piense que sí, yo creo que solo niños, en ningún caso con ese adjetivo.

                Y es que Roald Dahl tenía un gran respeto por sus pequeños lectores, consideraba que había que ayudarles a mirar la vida con valentía y humor, nunca a tenerle miedo y en este libro lo demuestra claramente.
                Los cuentos en verso para niños perversos no son, nada más y nada menos que un retorno a los clásicos populares en toda su esencia. Los cuentos que Perrault o los hermanos Grimm nos hicieron llegar, sin ser las versiones adaptadas de hoy en día, eran mucho más suaves de lo que fueron sus primeras versiones en las que la didáctica y la moraleja tenían una gran presencia pero en las que la enseñanza se hacía llegar mediante historias violentas y truculentas.
                Roald Dahl tiene mucho que decir sobre la educación de los niños, sobre la gente buena y mala, sobre el papel cursi y desvalido de las princesas (¡un adelantado a si tiempo, sin duda!) y todo nos lo hace saber en sus cuentos.

                 Utilizando clásicos más que conocidos como La cenicienta o Ricitos de oro (mi preferido en este caso) el escritor nos lleva a los mundos del “érase una vez” pero por los caminos más insospechados. Los cuentos están llenos de giros inesperados, de finales sorprendentes, de personajes totalmente desmitificados y sobro todo de humor, mucho humor. De ese tan típico de nuestro autor, un poco negro e irreverente.
                Para muestra, un botón:
CAPERUCITA ROJA Y EL LOBO

Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
"¿Puedo pasar, Señora?", preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: "¡Este me come de un bocado!".
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
"Sigo teniendo un hambre aterradora...
¡Tendré que merendarme otra señora!".
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
"¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva!"
-que así llamaba al Bosque la alimaña,
creyéndose en Brasil y no en España-.
Y porque no se viera su fiereza,
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fin Caperu a mediodía
y dijo: "¿Cómo estás, abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!".
"Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas". "¡Abuelita,
qué ojos tan grandes tienes!". "Claro, hijita,
son las lentillas nuevas que me ha puesto
para que pueda verte Don Ernesto
el oculista", dijo el animal
mirándola con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente
Caperucita dijo: "¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!".
El Lobo, estupefacto, dijo: "¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo...? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa".
Pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revólver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.
Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el Bosque... ¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que un sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.

                  Seguramente este es su libro infantil más políticamente incorrecto, pero como todo lo que él hacía está lleno de sinceridad y con la colaboración del gran Quentin Blake, compañero de batallas en el mundo literario, sacaron a la luz una obra de esas que, bajo mi punto de vista, no debe faltar en una estantería de libros infantiles ya que la llenan de color y “buen rollo”.

8 comentarios:

Margari dijo...

Éste es también uno de mis libros favoritos. Pero aún tardaré en leerlo con mi hija, que aún no la veo preparada para estos finales tan "perversos".
Besotes!!!!

Icíar dijo...

¡Qué mono!

Shorby dijo...

Me encanta este libro!!!
Lo he leído un par de veces y no me canso, soy fan de Caperucita jejeje

Besotes

Matilda dijo...

Jajaja. Tienes razón Margari, hay que buscar el momento.
Gracias muchas por la compañía :)
Un abrazote.

Matilda dijo...

Curiosa manera de definirlo Iciar :)

Matilda dijo...

A mí me encanta eso de que saque la pistola del corsé, ¡es genial!
Un beso grande guapa.

Carmen dijo...

Qué diver leerlo en voz alta... a mi perro. El pobre no se ha enterado de nada pero yo me he divertido. Pobre lobo!
Besos,

Matilda dijo...

Qué lindo tu perrillo que te acompaña en estos menesteres, jajaja.
Si vieras lo que les pasa a los tres cerditos...
Un abrazo grande, grande.

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