jueves, 12 de diciembre de 2013

Humildes consejos y cavilaciones de una lectora voraz


¿Leer lo que sea pero leer?

         Estos días está habiendo mucho revuelo por un libro que ha publicado una popular presentadora de televisión. Han surgido opiniones de todos los gustos y yo he leído varios artículos sobre el tema. En uno de ellos se hacía el comentario que da título a la cavilación de hoy y se planteaba si, con tal de leer, era indiferente la calidad de lo que se leyera.

         Esta reflexión me llevó a acordarme de una mamá que, en mis tiempos de librera, me preguntó qué hacer para que su niño leyera. Yo la animé a descubrir los gustos del pequeño y a dejarle investigar y elegir. Después de pensar un poco ella me dijo: “vamos, que me llevo lo que sea con tal de que conseguirlo”.

         Me quedé bastante desconcertada y pasé un rato largo dándole vueltas a si yo me había explicado fatal o la señora había entendido lo que había querido, seguramente un poco de cada.


         El caso es que, entre la reflexión del artículo y mi recuerdo he estado dándole vueltas al asunto, ¿leer lo que sea pero leer? En mi humilde opinión, no, rotundamente no y mucho menos si hablamos de niños.

         Pero ojo, esto no quiere decir que me parezca mal que unos y otros lean lo que más les guste, evidentemente. Me explico.

         El mundo del libro está, ya os lo imaginaréis, lleno de intelectuales, de puristas y de críticos que defienden que, si vas a leer “basura”, mejor no leas. Yo no comparto esa idea, primero, porque me parece muy pretencioso alzarse con el cetro de la sabiduría absoluta y decidir que puedes tachar un texto de “basura” por tu cara bonita (por muchos estudios que tengas a tus espaldas). Segundo porque, como sabéis, soy una firme defensora del sentido lúdico de la lectura y tercero porque oye, para gustos colores y cada uno lee lo que le da la real gana y no tiene por qué sentirse mejor o peor por eso.

         Dicho esto, tampoco estoy de acuerdo con que me vendan la moto de cualquier best seller de turno. Suelo leer de todo y disfruto con muchos tipos de literatura. Me gusta que haya textos que me cueste comprender o que me obliguen, por lo elaborado de los mismos, a saborear cada palabra, pero también me encanta cuando me sumerjo en un relato de esos que se leen en un rato y que me hacen reír o pasarlo pipa a pesar de repetir para mí misma varias veces, “pero qué malísimo es”. Creo que si un libro te hace disfrutar ya tiene valor. Eso sí, no me vengas a contar que porque lees  en verano el libro que está por todas partes o las biografías de turno que te firma el supuesto autor ya eres un gran lector. No señor, lo siento, un lector es mucho más que esto y, aunque cueste definir los límites, la buena y mala literatura existe.


         Si nos vamos al terreno de los más pequeños la cosa es aún más significativa.

         Sabéis que siempre digo que hay que dejar que los niños descubran sus gustos lectores, que es muy bueno que elijan y que, aunque a veces nosotros no le veamos el chiste, hay que respetar que quieran este o aquel libro.

         Hasta ahí todo bien pero, ¿quiere eso decir que, con tal de que lean, les animamos a leer cualquier cosa? Yo creo que no. Un niño está creciendo, se está formando y debemos ayudarles a hacerlo de la manera más sana pasible. Sabéis que no soy nada partidaria de prohibir lecturas pero eso no quiere decir que no miremos, ni un poquito, que es lo que nuestro pequeño se lleva a la cama cuando lee por las noches, antes de dormir.

         Creo que las palabras y la literatura tienen mucho más poder del que, a veces, les otorgamos. Poder para hacernos sentir bien, poder para enseñarnos cosas, para abrirnos horizontes y también, claro, poder para hacer mucho daño.

         Como adultos, decidimos arriesgarnos a leer libros que quizá no sean lo más adecuado para nosotros, buenos o malos a nivel literario, cargados de ideas y valores de esta u otra índole, solemos ser conscientes de donde nos metemos. Además, ya estamos formados, se supone que ya tenemos una madurez, unas herramientas para enfrentar el mundo y una capacidad de filtrar (y a una mala, si no somos capaces, dejamos el libro y listo). Los niños aún están creando todo esto y es por eso que debemos ayudarles a seleccionar, leer con ellos si pensamos que una historia les puede confundir o impresionar y ayudarles a entender lo que se les escape. No es justo que, porque lo mayores queremos que sean lectores, les dejemos enfrentarse a un mundo tan amplio y variado como el real sin llevarles de la mano si lo necesitan o sin hacerles sentir que, en este camino, también cuentan con nosotros.


         Personalmente, a nivel de adultos, no leo lo que sea con tal de leer, hay libros que no me gustan, promociones que, opino, se ríen de nosotros,  escritores, o supuestos escritores, que no respetan ni valoran en absoluto a la literatura o a los lectores. Pero esa es mi opinión y es muy subjetiva, no creo que yo sea quien para juzgar a nadie por lo que lee.         

         A nivel infantil, sé que hay los mismos tejemanejes y las mismas promociones y que, a veces, los adultos, pecamos de ansiosos en lo que al afán lector de los niños se refiere. En este aspecto, sí creo que debemos ser muy cuidadosos. Que no nos engañen los colores bonitos porque los jóvenes lectores merecen mucho más que eso.

         Y si no tienen que ser lectores porque ese no es su camino, ¡no pasa nada! No recurramos a lo que sea para forzar algo que debe llegar con alegría y con facilidad.

jueves, 5 de diciembre de 2013

La increíble historia de… la abuela gánster. David Walliams


        Hace poco comentaba en el blog de lecturas de adultos que no suelen regalarme libros porque, en general, cuando uno lee mucho, es difícil hacerlo. Pero, de vez en cuando, algún intrépido se anima  y nos rellena la estantería de casa con un poco más de color. El libro que os traigo hoy fue un regalo de mi tía Ajo y debo decir que estaba deseando conocer a este escritor.

         Había leído en críticas y blogs que David Walliams era considerado el nuevo Roald Dahl de la literatura inglesa infantil y que sus libros tenían la misma frescura y humor que los del creador de la pequeña Matilda así que, ya os imaginaréis que, como mínimo, me picaba la curiosidad.

         No me gusta que se hable de escritores en estos términos y que se les compare como si pudieran ser copias. No habrá otro Roald Dahl, nunca jamás, pero tampoco habrá otro David Walliams. Cada escritor tiene sus cosas, buenas y malas, y usar los nombres de otros como reclamo no hace más que crear expectativas y, a veces, decepción. Además, si se compara con escritores que se han hecho un hueco por derecho en la historia de la literatura, ¡cuidado!, es muy probable que perjudiquemos al nuevo autor que se quiere encumbrar y que, sin él pretenderlo, se le haga aparecer como alguien pretencioso, ¡compararse con el mismísimo Roald Dahl!


         Dicho esto y, aclarando que entre estos dos escritores va un mundo, sí puedo entender la semejanza que ven algunos, aunque no las comparto. Si bien es cierto que La increíble historia de… la abuela gánster es un libro fresco, lleno de humor, algo gamberro y bastante irreverente no comparte del todo la profundidad, la crítica y la carga social de los escritos por Dahl. Sí es cierto que Walliams es lector y admirador del mismo y que, además, ganó el premio que lleva su nombre, sí es cierto, también, que se nota cierta influencia y desde luego, admiración pero, no nos equivoquemos ni les quitemos mérito a ninguno de los dos, David Walliams tiene mucho que contarnos y decirnos y no merece hacerlo a la sombra de ningún gran escritor.

         Y después de esta perorata que os he soltado y sin querer entrar a hacer un estudio de las diferencias entre uno y otro ni de por qué esta comparación me parece superficial y fácil, os cuento más del libro.

         Ben, un niño de once años que sueña con ser fontanero, odia que, todos los viernes, sus padres le dejen en casa de la abuela para irse a ver su programa favorito en directo. Las noches en casa de la abuela son, a juicio de Ben, horribles y aburridas, y es que la abuela solo come sopa de repollo, huele a repollo, se tira pedos y siempre quiere jugar al scrabble. Ya veis qué plan.


         Lo que Ben no sabe es que la abuela tiene un secreto muy grande y que gracias a esas soporíferas noches él vivirá la aventura más emocionante de su vida.

         No os voy a engañar, cuando empecé a leer, esta historia no me pareció para tanto. Ben era un niño malcriado, con unos padres insufribles y que, además, no trataban nada bien a la abuela. Por otro, la abuela aparece descrita con un poco de crueldad y tanto pedo con olor a repollo a mí me revolvió un ligeramente el estómago.

         Pero cuando leo un libro infantil o juvenil no me gusta quedarme con mi punto de vista de persona adulta y reconocí que, si bien a mí me resultaba un poco exagerado, todo este rollo escatológico me habría encantado con 8 años y me habría hecho reír muchísimo.

         Pasada esta primera impresión y una vez que me metí en la trama fui descubriendo que Ben es mucho más de lo que parece y que solo necesitaba un empujoncito para ver a su abuela como era realmente. Mi opinión de los padres mejoró un poco cuando finalicé la lectura, pero no demasiado.


         También descubrí que, página tras página, mi expresión había adquirido  una sonrisa burlona y que esta no me iba a abandonar ya hasta que cerrara el libro, lo estaba pasando muy bien leyendo. Y finalmente, me sorprendí echando alguna lagrimilla y descubriéndome realmente encariñada con los dos personajes principales de esta aventura, Ben y su abuela.

         Este es un libro de esos que nos hace cambiar la sensación a medida que vamos leyendo y que nos engaña al principio. Creíamos que sería de una manera y luego le vamos encontrando mensajes y guiños que nos sorprenden.

         Con un humor muy especial y como ya he dicho, un poquito de gamberrismo entre letras, este autor inglés utiliza las aventuras, las situaciones absurdas y el disparate para darnos su opinión sobre algunos temas que, creo, a veces dejamos un poco olvidados.

         Tiene un ritmo ágil, un lenguaje ligero y está acompañado por unas ilustraciones expresivas y sencillas a la par que lo hacen muy recomendable, sobre todo, para leer en compañía y comentar.

         Para mí ha sido un descubrimiento, he disfrutado leyendo, he aprendido y me ha obligado a hacer examen de conciencia.  

         Pero no nos equivoquemos, David Walliams no es el nuevo Roald Dahl, ni falta que le hace.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Fairy Oak. Elisabetta Gnone.


         Hace poco una madre me pedía recomendaciones para su niña, tremendamente lectora y con la que empezaba quedarse sin ideas y yo, claro, recurrí a mi lista de favoritos y de “lecturas que gustan a casi todos”. La trilogía de Fairy Oak, entra en las dos categorías.

         Leí estos libros hace tiempo y, durante mis años de librera, nunca faltaron en las estanterías de la sección infantil. No duraban demasiado allí, enseguida se marchaban acompañando a algún lector intrépido, pero enseguida eran repuestos. En aquel momento eran bastante conocidos y desde luego, tenían motivos más que suficientes para serlo.

 

         Hace dos o tres años, la editorial que los publicaba se vio zarandeada por los tiempos complicados que vive el mundo del libro y esta historia fantástica quedó un poco relegada al olvido.

         No me gusta que pasen estas cosas, me da mucha pena que libros que valen la pena desaparezcan y dejen de estar al alcance de todos y supongo que por eso nunca os he hablado de las gemelas Pervinca y Vainilla, ¿para qué intrigaros si no ibais a poder conocerlas? Mal hecho por mi parte, debí hablaros de ellas hace mucho.


         Hoy, con una mezcla de alegría y coraje me he enterado de que la editorial que compró los derechos de los libros que siguieron a la trilogía (y que para mi gusto no son tan buenos) se ha hecho también con los de los tres primeros y los ha reeditado. En fin, aunque sea por medio de esta, ¡ya podréis leerlos! Y como hacía tiempo que me rondaba por la cabeza esta entrada (ya sabemos que internet es capaz de encontrarnos casi cualquier libro) no he podido retrasarla más.

         Al pueblo de Fairy Oak llega, nerviosa y emocionada, un hadita joven dispuesta a enfrentar su primer trabajo. Sifelizserédecirosloquerré (Felí para los amigos), nuestra hadita, va a ser, nada más y nada menos, que la niñera de las sobrinas de Lala Tomelilla, una gran bruja, que están a punto de nacer.

         Ella, será la encargada de contarnos esta historia en la que vamos a conocer a unas gemelas valientes, que darán sorpresas a su familia desde el primer momento y en la que no van a faltar la acción, la magia, el peligro, el humor, un malo, malísimo…


         Y diréis, ¿por qué es diferente a tantos otros? Supongo que los pequeños detalles son lo que hacen que un libro, con una temática parecida a los demás, nos resulte especial.

         Para empezar, los libros son como diarios de Felí y están llenos de etiquetas, ilustraciones llamativas y comentarios haciéndolos, de este modo, muy atractivos y dejando que los dibujos, muy cuidados, un poco barrocos y llenos de detalles, acompañen al texto y formen con él un conjunto irresistible.

         Por otro lado, el relato mantiene continuamente un buen ritmo, está lleno de misterios y los compagina a la perfección con escenas cotidianas que nos ayudan a conocer mejor a los personajes. Estos, por su parte, llenan la historia de anécdotas, sentimiento y humor.


         No voy a negar que todo sea un poco cursi a primera vista pero, adentrándonos un poco en la historia, enseguida nos quedamos enganchados a una historia donde nada es lo que parece y que nos atrapa casi desde el primer momento. Los vestidos vaporosos de los dibujos quedan contrarrestados por las aventuras y el carácter de los personajes y nos vemos en un entorno encantador pero acechados por un peligro muy oscuro.

         Toda la trilogía gira en torno a la dicotomía de la luz y la oscuridad, ¿es necesario que estén enfrentadas? ¿Pueden convivir y complementarse? En este caso, todo es aún más complejo y poco a poco iremos descubriendo la importancia de las cosas importantes, valga la redundancia, y la fuerza de las mismas, aunque a veces nos parezcan muy pequeñitas.


         Estos, para mí, son unos libros llenos de mensajes perfectamente escondidos en una historia trepidante, arrolladora, divertida y cautivadora.

         Disfruté muchísimo leyéndolos y conociendo el acogedor pueblo de Fairy Oak y sé que, muchos pequeños lectores también lo han pasado pipa con ellos por eso y porque no hay muchos libros de este tipo, os animo a que viajéis hasta le valle de Verdellano y conozcáis a todos sus habitantes; buenos, malos y regulares tienen mucho que contaros.

        Aquí os dejo un enlace interesante por si queréis saber un poco más.

 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Humildes consejos y cavilaciones de una lectora voraz.


Por qué lo bueno de leer es difícil de explicar.

         Ya hemos hablado varias veces de por qué es bueno leer, ya hemos hablado de lo importante que es la lectura, de lo especial que es para los lectores empedernidos y de todas las ventajas que tiene para nosotros. Ya hemos comentado, en infinidad de ocasiones lo que opinan los pedagogos y los beneficios objetivos y científicos que nos reporta el sumergirnos en un libro pero, aunque parezca mentira, yo siempre tengo la sensación de que nos queda mucho por decir.

         Y es que, por más que trate de explicarlo, parece que no llego a hacerlo bien.

         No sé si habéis visto la serie The Big Bang Theory (si no lo habéis hecho, os la recomiendo muy mucho) ni si conocéis al genial y excéntrico doctor Sheldon Cooper pero, precisamente, fue un comentario suyo el que, hace poco, me hizo plantearme esta entrada que hoy os traigo. Sheldon, que es un científico importante y que posee una inteligencia muy por encima de la media pero que es incapaz de relacionarse con su entorno más cercano y con la gente como lo hacemos los demás,  ponía en duda varios Premios Nobel, entre ellos el de literatura. Cuando yo oí el comentario resoplé y Jaime, que sabe que estas cosas me enervan, se río y me comentó: “es que es complicado de explicar, objetivamente hablando, ¿qué merito tiene un Premio Nobel de literatura?”. Y tenía razón, objetivamente hablando, en un mundo y una sociedad tremendamente materialista, es muy complicado explicar el mérito de un libro que hace que tiembles hasta la entrañas.


         Entendemos perfectamente, y desde luego aplaudimos, el descubrimiento de una vacuna contra una de tantas enfermedades que hoy causan dolor, entendemos perfectamente el mérito de lanzar cohetes tripulados (por personas, si es por animales, me parece muy mal) al espacio, entendemos el mérito de conseguir que, poco a poco, la humanidad respete cada vez más derechos humanos (que ya nos vale, esto no debería ser un premio, no debería ser un mérito, debería ser una realidad inamovible) pero, ¿cómo explicamos el mérito de un buen libro? ¿Cómo justificamos que la aportación de un escritor a la sociedad y a la literatura es importante? A ver si me podéis ayudar.

         Y es que, el problema, creo yo, es que hoy en día los sentimientos y la salud y el crecimiento de los mismos no ocupan el lugar que deberían.


         Un libro, un buen libro, puede hacer mucho, muchísimo más que entretener. Un buen libro puede luchar contra las injusticias y denunciar situaciones escandalosas, puede devolver la esperanza a quien la creía perdida, puede abrirnos la puerta a lugares y sensaciones. Un libro, una historia en general, indigna, hace reír, hace llorar e, incluso,  hace que cambiemos nuestra perspectiva de algunas cosas. Nos puede ayudar a rectificar (que es de sabios) o a reafirmarnos en una opinión, nos da otros puntos de vista, nos ayuda a entender a otras personas, costumbres y culturas (o a no entenderlas nada de nada y definitivamente), nos ayuda a conocer más y mejor.

         La literatura, la música, el cine… no nos dan nada material y lo que nos dan, aparentemente, no es necesario para sobrevivir. Supongo que ahí está el problema y el error porque una vacuna, un lanzamiento espacial, el famoso bosón de Higgs (que yo no he conseguido entender de qué va pero intuyo que es muy importante) nos dan calidad de vida, son luchas e investigaciones por el bienestar del ser humano, del plantea, de los seres vivos… ¿no nos dan calidad de vida los libros? ¿No nos ayudan a hacer nuestro día a día más completo? No podemos hablar, creo, de sus beneficios objetivos pero sí sabemos que el mundo sin música sería muy triste, ¿no? Pues el mundo sin cuentos perdería algo fundamental e innato en el ser humano, la necesidad de contar y escuchar historias.


         Ya veis, los libros alimentan el alma, ayudan a curar, a crecer y a vivir por dentro. No lo vemos, no lo podemos explicar del todo pero son fundamentales para que las personas estén enteras.

         Me imagino que el problema es que a todo eso que no vemos, a nuestro interior, no le damos toda la importancia que merece y por eso puede haber quién piense que la literatura nunca aportará a la sociedad lo mismo que la medicina. Yo creo que ser feliz es uno de los objetivos de casi todas las personas y que a veces, a pesar de tenerlo todo, no la encontramos, eso, seguramente, es porque no nos enseñaron a valorar lo importante, porque no pudimos crecer por dentro porque nadie se dio cuenta de que el alma también necesita hacerse grande y de que las cosas que la hacen grande no se pueden ver, ni tocar y en un primer momento, pueden parecer hasta insignificantes.

         Sé que siempre habrá quien no me entienda pero yo sé que, gracias a los libros soy capaz de ver, entender y sentir cosas que, de otro modo, no habrían llegado a mí.

martes, 29 de octubre de 2013

La maldición del castillo desencantado. Miguel Ángel Villar Pinto / Rafael Jiménez Chacón.


         Pues un año más, ya tenemos aquí Halloween y claro, teníamos que hablar, por lo menos, de un libro de brujas, vampiros o fantasmas.

         El que traigo hoy lo descubrí hace poco y la verdad es que me hizo gracia.

         ¿Os imagináis un mago que quiere ser caballero y va por ahí encantando y desencantando a su antojo pensando que realiza grandes hazañas? Pues con uno así tienen el gusto, o el disgusto, de encontrarse los protagonistas de nuestra historia, tres fantasmas muy peculiares que, de repente,  se verán en la calle y sin poder entrar en su querido castillo encantado. Entre los tres tendrán que encontrar la manera de resolver el problema, lo malo es que será un poquito más complicado de lo que esperaban.


         Me gustan mucho las historias de fantasmas (me refiero a fantasmas con sábana) y esta, claro, no iba a ser una excepción. Entre otras cosas porque estos fantasmas son muy divertidos y sufren maldiciones de lo más curiosas.

         Por otro lado esta es una historia muy entretenida, llena de personajes interesantes y variopintos, aventuras disparatadas y mucho humor. Es cierto que el final me ha parecido un poco abrupto pero, en general, he disfrutado mucho de esta historia y lo he pasado muy bien leyéndola.

         Sobre las ilustraciones, arrolladoras y coloridas, tengo que decir que, si bien el mago es un poco feote, complementan a la perfección el relato y su espíritu.


         Recomendado para niños a partir de 7 años este es un libro ideal para leer con ellos y hablar de valores como el trabajo en equipo, la cooperación o la dificultad de ver lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

         Seamos realistas, no es un cuento aterrador pero Halloween tiene mucha caras y a mí me gusta la más simpática J.

         Esta entrada y la siguiente están programadas, estaremos unos días fuera, ¡nos vemos a la vuelta!

 

miércoles, 16 de octubre de 2013

James y el melocotón gigante. Roald Dahl.


        Hace ya bastante tiempo que leí este libro pero, no sé por qué, aún no os había hablado de él. Supongo que estaba convencida de que lo había hecho y por eso el pobre no había aparecido aún en el blog.

         Sabéis que me gusta Roald Dahl, bueno, sabéis que me encanta, que lo considero uno de los mejores escritores infantiles a los que tenemos acceso hoy en día y que además, ha sido y es fundamental en mi trabajo así que, no os sorprenderá que, poco a poco, vaya desgranando su obra en mi rinconcito de libros. Debo reconoceros que no he leído todos sus libros, aún me faltan algunos pero, si os digo la verdad, eso me gusta porque, a veces, la lectura que necesito, la que me pide el cuerpo, es justo la suya y, aunque me releo sus historias feliz de la vida, siempre es bueno que aún queden sorpresas por descubrir.

         En fin, este es, seguramente, uno de sus libros más conocidos, entre otras cosas porque la película que hicieron del mismo está bastante conseguida. Y es, también, uno de los más representativos en cuanto a su manera de escribir y el mensaje que transmite.


         James se ha quedado huérfano y no tiene más remedio que irse a vivir con sus tías Sponge y Spiker que, además de ser horribles y desagradables, a él lo tratan mucho peor que mal. Por suerte, esta historia la escribe Roald Dahl y no va a consentir que su protagonista viva esa pesadilla durante mucho tiempo. Una tarde, en el jardín de las tías, aparecerá un extraño y simpático personaje que le dará a James una misteriosa bolsita. A partir de ahí nada seguirá siendo igual y las sorpresas estarán esperándonos, a nosotros y a él, detrás de cada página.

         Supongo que se podría decir que, si leemos este libro, vamos a encontrar justo lo que esperamos de él: la crítica desnuda y cruel de Dahl ante un mundo de adultos poco conscientes de lo importante que es la infancia y el derecho a vivirla, el humor irreverente y fresco que no tiene pelos en la lengua, los disparates y hechos más inesperado y personajes, detestables y adorables. Esta vez, odiaremos a la tías de James pero, por suerte, conoceremos a un montón de bichos simpáticos y valientes que tienen mucho que contarnos y que ofrecerán al chico una vida mucho más prometedora, divertida y colorida.


         También, como en otros relatos del escritor, vamos a ver la importancia de valores como el compañerismo, la sinceridad, la valentía…

         No es este un libro diferente en cuanto al fondo y eso lo hace tan especial como todos los demás. Roald Dahl escribía para que lo pasáramos bien leyendo y desde luego, con James y el melocotón gigante lo vamos a hacer y lo hacía también para expresar unos ideales a los que se mantiene fiel en cada una de sus letras.

         Por eso, porque disfruté leyéndolo, porque me reí y me indigné cuando fue necesario, porque aprendí sin darme cuenta y porque yo también creo que la sociedad debería ser diferente este libro tiene, en mi estantería, el sitio de honor que le corresponde.


         Y vosotros, ¿os animáis a viajar en un melocotón gigante por el mundo? ¿Os apetece que una araña os teja vuestra cama justo antes de ir a dormir? Entonces, sin duda, entre estas páginas está vuestro sitio.

martes, 1 de octubre de 2013

Vamos a cazar un oso. Michael Rosen / Helen Oxenbury.


       Cuando era pequeño, mi hermano Rafa cantaba una canción:

Voy en busca de un león,

cogeré el más grande,

no tengo miedo,

mira cuántas flores.

Lindo día, oooooh.

Un charco muy grande…

         Y hasta aquí llegaba la canción porque Rafa siempre ha sido un poco despistado y no recordaba el resto.

         Pues bien, esta estrofa de canción (y la de mi hermano Pedro “a la playa, ponte el bañador”, que tampoco pasó de ahí) la he cantado yo muy a menudo en momentos absurdos y sabiendo que no podría continuarla porque nunca había llegado a mis oídos qué fue del intrépido cazador. Imaginaros mi sorpresa y mi alegría cuando, hace unos meses, leyendo un cuento divertidísimo y viendo los videos del escritor contándolo descubro, ¡que es mi canción! Vale, en este caso cazamos un oso pero la musiquilla y la esencia eran la misma.




         Si el cuento ya me estaba pareciendo genial, al transportarme a mi tierna infancia y acercarme a mis hermanos, que ahora viven lejos de casa, se ganó un hueco preferente en mi corazón y en la etiqueta de “mis favoritos”.  

         Y es que en esta historia vamos a conocer a una intrépida familia que una mañana decide nada más y nada menos que ir a cazar un oso, “un oso graaande y peligroso”. Como es natural, el oso no se encuentra a la vuelta de la esquina y para llegar a él tendrán que superar una serie de obstáculos que, por supuesto, no les amilanarán en absoluto.


         Desde un campo con un césped altísimo (suish, suish, suish), hasta una ciénaga de barro pegajoso (plochi, plochi, plochi), nuestros protagonistas irán repitiéndose (y nosotros con ellos) que van a cazar un oso grande y que no tienen miedo, ¿será verdad esto último?

         Este libro me gusta por muchas cosas, porque me parece simpático y divertido, porque siempre he pensado que las ilustraciones de Helen Oxenbury complementan a la perfección los relatos ligeros, porque al ser una historia repetitiva y pegadiza es ideal para encandilar a los más pequeños, porque el uso de onomatopeyas lo hace aún más expresivo y porque el conjunto es un libro que nos da muchísimo juego y que nos permite leerlo y representarlo, dejando que los niños se expresen y lo hagan suyo.


         Es estupendo, además, para comenzar una colección de pequeños lectores y estoy segura de que la canción del oso, como la del león en mi caso, acompañará a nuestros niños durante mucho, mucho tiempo.

         Está en inglés pero pienso que la actuación de Michael Rosen contando el cuento no tiene precio así que, aquí os lo dejo:

jueves, 26 de septiembre de 2013

Hasta el infinito y más allá. Clara Grima / Raquel García Ulldemolins.


        Como con todo, hay libros que llegan a mí rebuscando entre estanterías, otros bicheando por la web y otros, por recomendaciones o comentarios de amigos y conocidos.

         El que traemos hoy llegó justo así, por una buena recomendación y menos mal porque, torpe como soy en la materia que lo llena, es probable que, yo solita, nunca me hubiera animado a leerlo.

         Creo que ya os he contado que, objetivamente hablando, soy una negada para las matemáticas. A otras ciencias les puedo coger más o menos el aire pero las matemáticas… en fin, me cuesta un mundo entenderlas y admiro y envidio a quien es capaz de hacerlo con facilidad.

         Por eso los libros de este tipo me causan bastante respeto y por eso también, me parece importante que existan. Pero ojo, no estoy hablando de que existan libros sobre matemáticas, ni siquiera libros sobre matemáticas para niños, no señor, yo hablo de que existan libros sobre matemáticas COMO ESTE.

        
          ¿Por qué así? Me preguntaréis y si os digo la verdad, me resulta complicado contaros todas las razones.

         Para empezar porque con una temática tan árida para algunos y tan seria para otros, este libro destila alegría y buen rollo desde la primera hasta la última página. Para continuar porque sus protagonistas, don niños curiosos, Sal y Ventura, un perrito simpático (y muy listo), Gauss y Mati, una marisabidilla pelirroja y con mucha paciencia, no nos dejan aburrirnos ni dejar de sonreír ni un minuto.

         Este no es un libro de matemáticas al uso sino un montón de pequeñas historias llenas de humor en las que se nos explica no solo que las matemáticas están en todas partes sino que son mucho más agradables de lo que pensábamos.



         Convivo con una familia llena de científicos, en casa con Jaime y fuera con mis padres, tíos, primos… por eso nunca se me escapó que las matemáticas eran necesarias y que, por mucho que yo las odiara, estas servían para hacernos la vida más fácil. Mati, Sal, Ventura y Gauss vienen a explicarnos esto de manera muy claro y desde luego, mucho más entretenida que la tradicional.

         ¿Sabíais que los grandes magos usan las matemáticas en sus trucos? ¿Conocéis la historia de los números? ¿Sabéis pasar de grados Celsius a Fahrenheit?  ¿No os gustaría descifrar y escribir mensajes en una clave secreta? (Creo que este es mi capítulo preferido). Pues todo eso y mucho, muchísimo más es lo que se esconde en las páginas de Hasta el infinito y más allá. No son explicaciones de escuela, son datos reales que nos dan otra visión del mundo y que vienen siempre explicados de manera amena y con mucho humor.


         No voy a mentiros diciendo que gracias a este libro las matemáticas han dejado de ser un misterio para mí, seguramente se me resistirán siempre y además, me gusta que en mi vida haya misterios, pero sí es cierto que Mati y sus mateaventuras me han hecho verlas con otros ojos, me han resuelto algunas dudas, me han creado otras y me han hecho pensar que, si un día tengo niños, quiero que las vean desde esta perspectiva, se les den bien o mal, le gusten más o menos, que sepan que van más allá de las clases y las sumas.

                  Con un lenguaje bastante accesible, teniendo en cuenta su contenido y complementado con unas ilustraciones muy alegres y cercanas me parece que tanto su autora, Clara Grima, como su ilustradora, Raquel García Ulldemolins, han sabido crear un conjunto acogedor y original para un tema que muchas veces resulta frío y antipático.


         Honestamente creo que este es un libro diferente y lo recomiendo para grandes y chicos, me parece que todos pueden pasarlo bien leyéndolo, incluso los que ya saben mucho del tema y que es una lectura conjunta estupenda.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las zapatillas de ballet. Noel Streatfeild.


        Parece que le verano va tocando a su fin y como por aquí ya os echábamos de menos, ¡estamos de vuelta! Si todo va bien este será un curso ajetreado, lleno de cambios y emociones y no queremos que nada de eso ocurra sin contar con vuestra maravillosa compañía.

         Y para volver teníamos que traer un libro especial, de esos que tanto nos gustan, que siempre recomendamos y que se cuela de cabeza en “mis preferidos”. Las zapatillas de ballet, de Noel Streatfeild, se ha ganado, sin duda, este lugar.

         Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer esta historia y aunque se ha hecho esperar, el empaño por sumergirme en sus páginas bien ha valido la pena.


         Sabéis cuánto me gusta la literatura infantil inglesa así que supongo que no os extrañará lo más mínimo que una historia ambientada en Londres y llena de horas del té me haya cautivado pero quiero deciros que no ha sido solo eso. Eso, sí es verdad, la ha hecho aún más deliciosa y agradable pero me ha gustado su trama, su mensaje, sus personajes…

         Pauline, Petrova y Possy son tres huérfanas a las que un anciano paleontólogo que siempre está viajando, adoptó y dejó a cargo de su sobrina Sylvia cuando solo eran tres bebés. Han crecido rodeadas de cariño pero también siendo muy conscientes de las dificultades económicas por las que la familia pasa normalmente y cuando las cosas se ponen feas Sylvia, o Garnie como ellas la llaman, decide alquilar las habitaciones que sobran en la inmensa casa de su tío. Será entonces cuando la vida de las tres hermanas Fossil empiece a cambiar y se llene de emociones, una de ellas, asistir a la Academia Infantil de Danza de Madame Fidolia.


         Leía hace poco que esta historia no es muy realista y que los problemas se solucionan con excesiva facilidad. No estoy de acuerdo. Partiendo de la base de que es una historia para niños, que tiene que ser fundamentalmente divertida, creo que queda muy claro que las tres pequeñas protagonistas luchan con uñas y dientes por salir adelante, por perseguir sus sueños y por ayudar a su peculiar familia. Es cierto que no se hace hincapié en lo duros que son sus horarios, por ejemplo, o, más bien, se plantean como algo normal y lógico.

         Por otro lado, en el libro se nos relata a la perfección, las dificultades con las que se encuentran las niñas y no esconde que ellas pasan por sus momentos mejores y peores y que, incluso, deben aprender algunas lecciones a base de jarros de agua fría.


         Con el realismo propio de los escritores ingleses para llamar a las cosas por su nombre, Noel Streatfeild nos trae un relato encantador, con unos personajes encantadores que lo son, entre otras cosas, por sus claros y sombras, lleno de ternura y humor que contó, sospecho, justo como ella quería, sin pensar en qué opinarían sus lectores de este giro o del de más allá.

         La acción, que transcurre ágil y ligera nos pasea por escenarios, habitaciones de juegos, talleres mecánicos e incluso platós de cine y en ellos, todos y cada uno de los personajes tiene algo que contar y aportar al conjunto. Me resulta difícil elegir un preferido ya que me he encariñado con todos pero si quisiera resaltar alguno supongo que sería Petrova, que no encuentra su lugar como las demás y a la que el baile o la interpretación no le gustan en absoluto. Me ha parecido tremendamente generosa y dulce a pesar de que la primera impresión que causa no siempre es tan agradable como la de sus hermanas.


         No sé si habíais oído hablar de este libro pero, si no lo conocíais y os animáis a darle una oportunidad espero que lo disfrutéis tanto, tanto como lo he hecho yo.

         Un abrazo y nos leemos.

miércoles, 31 de julio de 2013

¡Volvemos pronto!


          Ya veis que los blogs andan algo apagadillos y que la tónica, este curso, ha sido un poco menos activa que en años anteriores. No queremos que el curso para el que nos estamos preparando sea así, queremos volver a estar al 100% y ser capaces de llevar todo “palante” y no dejar vuestros comentarios sin responder o no publicar post como es debido. Este año nos hemos visto un poco desbordados pero estamos dispuestos a aprender de nuestros errores.

            Por eso y porque ya lo hemos hecho otros veranos, Matildilla se va de vacaciones en agosto, que creo que se lo merece.

            Yo, María, sigo trabajando y preparándome para que el nuevo curso sea estupendo y para traeros cosas bonitas e interesantes pero andaré poco por la blogosfera o las redes sociales, a veces es necesario cambiar un poco de actividad, ¿no os parece?

            No me queda más que agradeceros, como siempre y con el alma, vuestro apoyo, vuestro cariño y vuestra compañía, nada sería igual si no estuvierais aquí y desearos que lo que queda del verano descanséis y disfrutéis, cada uno como más le apetezca y en la medida de sus posibilidades.

 

            Un abrazo muy grande y ¡nos vemos pronto!


jueves, 11 de julio de 2013

Respirando cerca de ti. Jorge Gómez Soto.


         Si os digo la verdad, no tengo muy claro que mis veranos de adolescente fueran especialmente lectores. Leía, claro, nunca he dejado de hacerlo, pero, seguramente, entre preparar los exámenes de septiembre (a los que solía tener que presentarme, sí), salir y entrar con amigos, las vacaciones familiares en la playa o el campo yo todo eso, seguramente no leía mucho más que el resto del año. Lo que sí cambiaban eran los momentos y los lugares, menos de noche, más de día, en la piscina, la playa… Y también recuerdo que las lecturas de verano tenían, como ahora, un aire diferente, no sé, las disfrutaba (y disfruto) de otra manera. En cualquier caso, las lecturas en estos meses son especiales y vale la pena que nos demos permiso para leer de verdad con calma, cuando nos apetezca, lo que nos apetezca, sin presiones y si no nos apetece, ¡no leemos! Eso forma parte de la magia, ¿no?

         El libro que traigo hoy puede ser una buena opción para lectores jóvenes, con ganas de asomarse a problemas e historia, a veces, muy diferentes a los  suyos.


         Alberto es un chico enamoradizo que tiene una vida como la de cualquier otro de su pandilla, las clases, quedar con sus amigos, jugar con su hermano a la videoconsola… Lo normal, vamos, aunque, por algún motivo, esta vida empieza a resultarle un poco vacía.

         Henry llegó de Colombia a España para hacer algo grande y precisamente por eso, acaban de darle una pistola, un teléfono móvil y su primer trabajo con el que ganar mucho dinero.

         ¿Cómo se encuentran estas dos vidas tan distintas? De la mano de Érika, una chica con ganas de vivir y con mucho que contar y esconder.

Este es un libro narrado a dos voces, desde dos puntos de vista, el de Henry, en 3ª persona y el de Alberto, en 1ª. Dos mundos a años luz de distancia pero que se tienen que encontrar. Es interesante ver el contraste entre sus dos vidas y el enfoque tan diferente que cada uno le da a las mismas.


          Aunque el relato cae, bajo mi punto de vista, en algunos tópicos,  la acción y el drama mezclados con la inocencia y el humor, lo convierten en un conjunto intrigante, con una tensión que te atrapa casi desde el primer momento y que te obliga a seguir leyendo porque parece imposible que el desenlace no sea una terrible mezcla de sangre y lágrimas.

         Por suerte, el autor sabe darle a la historia giros inesperados, momentos sorprendentes y hacer de esta una lectura ágil y ligera, que no cansa y que continuamente nos ofrece algo por lo que seguir leyendo.

         Este libro me ha gustado por su sencillez, por su crudeza en según qué aspectos, por atreverse a mostrar una realidad que no siempre es bonita y que nos cuesta mirar, por dejar muy claro que la vida tienes diferentes aristas y decorados y que según la que te toque vivir todo se ve de una manera o de otra.

         Bastante apropiado para lectores a partir de 13 o 14 años, que tienen ganas de sabes más, que no se asustan como los adultos y que conocen realidades muy diferentes a las de las generaciones que les precedemos a su edad. Una historia razonablemente bien escrita que, si bien parte de una base más que conocida, nos da un enfoque algo diferente.

 

 

miércoles, 3 de julio de 2013

Humildes consejos y cavilaciones de una lectora voraz


El verano es tiempo de cuentos.
 
      Este mes se nos han juntado los humildes consejos con los del mes pasado y es que hace poco que hemos aterrizado en la calma de nuevo. Os lo dije en Facebook pero para los que no nos acompañéis por esos lares os cuento que nuestra laaaarga desaparición se ha debido a un cambio importante y estupendo. Nos hemos mudado, ahora vivimos en una casita con jardín y tenemos un despacho lleno de luz y alegría donde trabajar es mucho más agradable. La mudanza ha sido todo lo divertida y caótica que se esperaba de ella y por eso hemos andado todos en casa más bien despistados. Pero estamos de vuelta y para Julio os traemos más historias y algún que otro humilde consejo. Con ellos os dejo ;)

         Ya han llegado las vacaciones y los peques de la casa están, además de encantados de la vida, expectantes y nerviosos porque, ¿qué les traerá este verano?

         Estoy segura de que les traerá remojones en piscinas, playas, ríos y lagos, paseos por el campo y el puerto, cenas en la calle, volviendo tarde a casa, amigos nuevos y no tan nuevos, reencuentros, polos y helados, la familia mucho más cerca y tiempo, mucho tiempo para disfrutar y pasarlo bien y para cargar las pilas después de toooodo un año estudiando.


         Ya veis, el verano es una época que los mayores recordamos con nostalgia porque siempre era especial, en mi caso, por lo menos, saliéramos de Madrid o no, mis padres, mis abuelos y mis tíos se encargaban de que esos días fueran diferentes y divertidos y creo que, independientemente de los tiempos que corran, todos los niños deben disfrutar de sus vacaciones y sus meses sin cole.

         En general, el buen tiempo y la playa o la piscina hacen que esta sea una temporada de mucha actividad y que todos andemos entrando y saliendo continuamente, parece que, a pesar de tiene todo el tiempo del mundo este esté siempre lleno de cosas chulas por hacer. Pero también hay ratitos tranquilos, las siestas sofocantes en las que no se puede poner un pie en la calle (por lo menos aquí en el sur), el tiempo de antes de ir a la cama o ya acostados, antes de dormir, los viajes, quien no se maree, incluso en la playa o la piscina, cuando no tenemos más ganas de seguir corriendo.


         En estos momentos tranquilos es en los que podemos pasarlo aún mejor si nos dejamos acompañar por un libro. Del mismo modo que la época estival es especial y diferente, los libros que forman parte de la misma también lo son porque se leen de otra manera.

         Ahora, justo al acabar el curso, o a lo largo del verano, visitando ciudades nuevas, es ideal entrar juntos en la librería, dejar que los niños miren los libros, elegir lecturas divertidas, en las que deben mandar ellos, ojo, a no ser que tengamos una recomendación genial e infalible, y llenar la maleta de historias que acompañen a las gafas de bucear y las camisetas de colores.

         No se trata de decir, “ahora que tienes tiempo TIENES que leer”, no, la lectura no puede ser el rato tostón de cada día, ¡qué desperdicio! Leer es divertido y lo que queremos es que los chicos disfruten de los momentos entre páginas. Se trata de regalarles buenas experiencias que complementen todas las demás que llenan estos días.


         Por eso y porque también es el momento ideal para que los adultos viajemos remando en un mar de letras, dediquemos tiempo a elegir libros que nos y les interesen, dejemos que ellos elijan, aunque a nosotros no nos parezca la mejor elección, si un libro no les gusta, ¡no importa! Animémosles a dejarlo para otro momento y empezar uno nuevo y compartamos con ellos las aventuras, las risas y los momentos más complicados, leamos juntos y dejemos que nos pregunten y nos cuenten.

         Que los libros formen parte de lo divertido del verano, no de las obligaciones. Es tiempo para pasarlo bien y os aseguro que esta es una de las mejores maneras de hacerlo.

         ¡Que paséis un verano estupendo!

lunes, 27 de mayo de 2013

Humildes consejos y cavilaciones de una lectora voraz.


Los comics.

         El otro día comentábamos la importancia de leer y dejar leer en el formato y de la manera que a uno más le guste. Hoy quiero romper una lanza por uno de esos formatos poco valorados y de los que se dice “eso no es un leer”: El comic.

         Como lectora empedernida que soy creo que he probado géneros y formatos de muchos tipos, de todos los posibles porque me gusta saber de cada uno. Como es natural, no todos me han gustado y no sigo siendo lectora empedernida de los mismos. El comic es uno de los que entraron a formar parte de mi mochila lectora siendo niña y que, a día de hoy, aún descansa en ella.


         Hace poco un amigo me recomendaba la película de Iron Man y me comentaba que le gustaba mucho el súper héroe. Yo le dije que no había leído comics de Iron Man así que desconocía su historia y no sabía muy bien si sería un súper héroe de los que me gustarían. Cuando él me contestó que tampoco había leído ninguno de sus comics yo me sorprendí, todos los súper héroes que conozco han llegado a mí en papel y si he querido ver sus películas ha sido porque me había gustado lo que había leído… Esta ha sido la primera vez que me he animado a conocer a uno de ellos directamente en la pantalla (debo decir que me ha gustado pero sospecho que en esto tiene mucho que ver el actor que lo encarna) y si os digo la verdad me he sentido un poco traidora.

         No soy una entendida en este tipo de comics y me pierdo entre fechas, ilustradores y guionistas; como todos, tengo mis preferidos (Spiderman y Batman), me encantan las alianzas entre unos y otros, conozco levemente a los súper malos (aunque a veces mezclo y despisto) y tengo más o menos controlada las historia, pero poco más.


         Tampoco soy una erudita en lo que se respecta a Tintín pero tengo todos sus libros en casa y no me canso de leerlos, Mafalda tiene hueco en casi todas mis estanterías (en varios tamaños) y Asterix y Obélix vienen conmigo desde que recuerdo que sé leer. Me he reído con Zipi y Zape, con Carpanta, con Anacleto agente secreto, no me sé todas las entradas secretas de la TIA pero me sigue encantando que me las cuenten, con trece años estaba enamorada del Teniente Blueberry y con él aprendí un poco de la Guerra de Secesión y de los indios americanos, me gustaban las aventuras del Capitán Trueno o de Cori el Grumete y soy consciente de que hay miles de personajes que no conozco y con los que podría pasarlo estupendamente.

         No soy una entendida en el mundo de los comics pero me encantan y los sigo leyendo y descubriendo. Jamás se le ocurrió a nadie decirme que eso no era leer y recuerdo con especial cariño los ratos en que mis hermanos y yo, apretados en algún sillón, descubríamos juntos el nuevo título que había llegado a casa.


         Pudiera parecer que un comic tiene menos texto que un libro “de verdad” pero no siempre es así y el hecho de que haya dibujos por todas partes no hace que el lector se esfuerce menos, lo hace de otra manera y las ilustraciones sirven, precisamente, para apoyar y completar el texto. Son más fáciles de leer porque son más ágiles y ligeros y porque su formato ayuda a que el lector no se canse ni se aburra.

         Hay muchos, millones de comics y podríamos hablar de otros muchos, millones de lectores que descubrieron lo divertido que era sumergirse entre páginas gracias a ellos.


         Sí señor, yo quiero reivindicar el comic, para todos los gustos y para todas las edades, creo que forman un universo grande y maravilloso y que es difícil que no encontremos en él una historia o un personaje que nos guste. 

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