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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mucki y el gato Luisín. T.A. Labrador.


     Me he dado cuenta de que nuca os he hablado con calma de ninguno de los libros verdes de Mucki. La verdad es que todos son geniales y cualquiera sería una buena elección pero mi preferido siempre ha sido Mucki y el gato Luisín. No me preguntéis por qué, fue un flechazo a primera vista.



     Ya sabéis que yo siento debilidad por este perrito que viaja con su dueña y resuelve misterios, eso ocurre en los viajes de Mucki y ya os he contado que son libros realmente divertidos. Pero Mucki es, además, un ferviente defensor de la naturaleza al que le encanta pasear por el campo, hablar con otros amigos animales y contemplar todas las cosas bonitas que la naturaleza nos regala a diario. Por eso y porque es un solete, no le gusta que otros animales lo pasen mal o que se les trate injustamente.

     Esta vez comenzamos la aventura con Mucki un poco enfadado. Está intentando dormir y los maullidos desgarrados de un gato, justo debajo de su ventana, no le dejan hacerlo. Nuestro protagonista se acerca a pedirle que, por favor, deje de hacer ruido y así conoce a Luisín, un gatito negro, muy simpático que solo quiere cantar. Lo malo es que nadie parece apreciar su arte.



     Esta vez Mucki contará con la ayuda de su amiga, la yegua Boticaria, para resolver el problema de este aspirante a estrella que se han encontrado.

      De los libros de Mucki me gustan muchas cosas, ya lo sabéis, pero de los verdes en concreto, debo destacar el respeto que muestran siempre por todo y la alabanza al compañerismo. A pesar de que Mucki encuentra, a aveces, personajes desagradables, las cosas se resuelven siempre de la mejor manera y no importa quién sea el que tiene problemas, siempre se intentará ayudar.

     Estos son libros de aventuras también pero al estar destinados a un lector más joven, el texto es más sencillo y la acción más tranquila. Mucki y sus amigos corren menos peligro en estos casos pero aprenden y enseñan tanto como siempre.



      Además de una historia divertida, tocada con un humor simpático y un montón de mensajes y consejos, en las páginas de este álbum ilustrado encontramos algo que los hace aún más entretenidos; actividades, juegos, dibujos para colorear... algo que añade mucho dinamismo al libro y que hace que los lectores nos impliquemos y aprendamos más cosas casi sin darnos cuenta.

      Por otro lado, esta vez acompañan al texto unas ilustraciones que, bajo mi punto de vista, son absolutamente preciosas y arrolladoras, de colores vivos y trazos sencillos convierten al álbum en un ejemplar muy bonito en fondo y forma.



      Estos libros son una manera estupenda de conocer un poco más sobre la naturaleza que nos rodea y nuestra implicación en su cuidado. Señalan la importancia de la amistad, nos divierten, nos enseñan y nos acercan un poco más a unos personajes entrañables y encantadores.

No sé si ya los conocéis pero si no, os animo a que le deis una oportunidad a Mucki y sus libros verdes.

martes, 29 de noviembre de 2011

¡La autora de los libros de Mucki nos ha escrito!


      La entrada de hoy es muy especial para mí. Hace unos días os hablaba de Mucki y de uno de sus libros. Os comentaba que a mí me gustan mucho y que son uno de mis descubrimiento de este año.
Pues bien, el otro día, desde la editorial Langenscheidt me mandaron una sorpresa. Trinidad Andrés Labrador, la autora de los libros de Mucki me ha enviado una cartita y me ha contado algo sobre ella, su carrera y Mucki.


      Quiero compartirlo con vosotros así que, aquí os la dejo.


     "Mí querida Matilda:

     Voy a contarte brevemente una de las muchas historias que hay en mi vida.

     Un lugar:

     Nací en Bilbao el mes de junio más caluroso que se recuerda y eso debió de darme mucha alegría porque soporté una vida de lluvias con bastante buen humor y largos años de infancia llevando unas botas de goma que me resultaban muy incómodas.
Lo de las botas de goma tenía su peligro porque resbalaban mucho, además cuando llegabas a clase se te cocían los pies, y cuando salías a la calle se te helaban de frío a pesar de los calcetines de lana.

     Viví muchos años en el barrio de Uretamendi, que en vasco significa literalmente agua y monte.
Agua” y “monte” son dos palabras que resumen perfectamente mi infancia y la de muchos bilbaínos de mi generación.

     Un recuerdo:

     A los cinco años pude leer un cartel mientras iba cogida de la mano de mi madre. Es la única vez en mi vida que me he sentido realmente poderosa.

     Una afición:

     Leer todo lo que caía en mis manos, que era muy variado, gracias a que en los autobuses no había televisión. Me explico, mi padre conducía un autobús y la gente se olvidaba libros y novelas baratas casi a diario, así conocí el Fausto de Goethe, leí mucho a Agatha Christie, y a Marcial Lafuente Estefanía a mansalva.

      Resumen de mi infancia: Agua, Monte y Leer.


      Lo idéntico y lo diferente:

      En la adolescencia se me planteó como a todos el dilema entre lo idéntico y lo diferente, sólo que lo idéntico en Bilbao era lo “identitario”. Esto me lo resolvió mi madre diciendo que nadie es más que nadie en este mundo.

      Ante este axioma tan contundente decidí estudiar filosofía, algo que no resultaba muy útil, pero visto los resultados de la frase anterior, sí muy terapéutico.

     Resumen de mi adolescencia: Más Agua, Más Monte y Filosofía.

     Trabaja y diviértete:

     Cuando terminé mis estudios de Filosofía en la Universidad de Deusto era una perfecta pedante, un saco de información orgulloso de su contenido. Quería investigar sobre el tiempo y me dediqué a pulir mi escritura en sesudos trabajos sobre “el ser” y sobre “la nada”.

     No era muy divertido, aunque hacía que te sintieras importante. Comencé a trabajar como profesora de filosofía y descubrí que me lo pasaba bomba. Era el nacimiento de una vocación que no sabía que tenía; a partir de ese momento soñaba con escribir un libro de filosofía para niños.

     Cine:

     El cine también me apasionaba, así que decidí estudiar cinematografía en la Universidad de Valladolid. Fue fascinante y me permitió escribir un bonito tratado sobre el cine de acción de los años noventa, que fue muy elogiado, aunque no había dinero para publicarlo. No importaba: era joven y había ganado en autoestima.

      Madrid:

      Un día me cansé del agua y recordando el agradable calor del primer día de mi vida, me vine a Madrid, capital de las Españas.

     Aquí seguí dedicándome a una de las cosas que más me gustan: enseñar. Y seguí escribiendo, sobre todo cartas para amigos necesitados de literatura para torear a un jefe insoportable o a una administración demasiado aparatosa.

      Mis cartas fueron eficaces y mi fama como escritora creció inmensamente en mi círculo más íntimo.


     Mucki:
     
     Mucki me encontró un día que hacía un frío de perros, en una aldea de Ávila. Nada más verme se hizo caca y pis. Fue una señal y desde ese día somos inseparables.

     Pensé escribir su historia y cuando me puse manos a la obra, todas las historias que tenía dentro se peleaban acaloradas deseando salir la primera.

      Desde entonces he ordenado estas historias, las he puesto en fila y van saliendo poco a poco con el objetivo de hacer felices a los niños que las leen y a la niña que llevo dentro, porque también le gusta mucho leer".



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