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miércoles, 20 de febrero de 2013

Primeras narraciones. Cuentos recogidos por las escuelas Waldorf.


        A veces viene bien encontrar libros de este tipo, tranquilos, suaves, con ilustraciones blanditas y coloridas que, ya desde el primer momento, prometen un ratito agradable, acogedor y entretenido.

         Esto me ha pasado a mí con la lectura que traigo hoy. Me gustó por muchas cosas, por su aspecto, por su edición, colorida y sencilla, por las ilustraciones de Conchita Botines, tan acordes al tipo de libro que es y sobre todo, claro, por sus historias, cuentos de distintos lugares del mundo, algunos muy conocidos, otros no tanto, agrupados en función de las estaciones del año.

         Y me diréis, hay miles de libros de cuentos, ¿qué tiene este de especial? A lo que os contesto que, bajo mi punto de vista, los cuentos están muy bien elegidos.

         “¡Miau! ¡Miau! – Dijo el gato.

         ¡Oh! – Dijo el patito – me parece que yo también podría maullar así.

         ¿Pero creéis que el patito pudo decir miau, miau? ¡De ninguna manera!

         Eso sí, lo intentó pero solo consiguió decir miac, miac y no sonaba nada, nada bien”.

         Nos movemos entre canciones simpáticas y rimas pegadizas y entre historias optimistas y positivas que nos harán sonreír y asentir con la cabeza. Todas de una extensión breve, lo que evita que los pequeños que las escuchen se cansen y entre las que se intercalan juegos de deditos para hacer todo más dinámico.

         Me ha gustado mucho este libro porque creo que, desde la primera página, envía mensajes alegres y sencillos, sin moralinas ni sermones, para mostrarnos un mundo amable, en el bosque, lleno de personajes entrañables que nos van a contar muchas cosas.

         “¡Patim, patam, patum,

         Andad con tiento y buen ojito!

         ¡Patim, patam, patum,

         Que no piséis a Pulgarcito!”

         ¿Os suena?

jueves, 22 de marzo de 2012

Kiwala y la luna.


     ¿Os acordáis de que os dije que volvería a hablaros de Kiwala y sus amigos? Pues bien, aquí estamos todos otra vez, con el segundo cuento que mi tía me trajo de Chile expresamente encargado por el Viejito Pascuero.



      Debo reconocer que cuanto más leo estos cuentos más me gustan y más pena me da que se editen tan lejos de aquí. No sé si podré hacerme con alguno más (espero que sí) pero, desde luego, sería mucho más sencillo si pudiera ir a buscarlos a mi librería de siempre, jeje.

      Ya os conté que Kiwala es una llama simpática que vive en la cordillera de Los Andes y comparte vivencias y aventuras con sus amigos Cóndor, Serpiente y Puma. A todos ellos les gusta sentarse por la noche a mirar las estrellas y en cada puntito luminoso ven algo interesante.



      Así los encontramos al empezar esta historia pero claro, si se quedaran, sentados contemplando el cielo, sin más nos aburriríamos un montón, algo tiene que pasar y esta vez es, nada más y nada menos, que el hecho de que la luna corre un gran peligro. ¿Creéis que Kiwala y los demás van a consentir que so pase? Evidentemente no, van a mover Roma con Santiago para evitar que su querida luna corra peligro. Esta vez, además, van a contar con la ayuda de un nuevo amigo, el Zorro.

      Este cuento está basado en antiguas creencias que tenía los pueblos andinos sobre las estrellas y la luna y es muy interesante saber sobre ellas, alguna aún se mantienen vivas. Además, se han añadido también leyendas del zorro, ¡no me diréis que no se aprende una barbaridad!



      Al final del libro, además de un glosario de palabras tenemos un pequeño resumen de cómo eran esas leyendas y la verdad es que es un placer leerlo.

      Esta vez la historia no es tan trepidante como cuando nuestros protagonistas se adentraron en la selva pero aún así es muy divertida. Podemos sentir perfectamente la preocupación y la angustia de Kiwala y sus amigos y les seguimos, atrapados en las páginas del libro, totalmente sumergidos en el problema, ¡no queremos que la luna desaparezca!

      Como en toda la colección, los dibujos que acompañan al texto son maravillosos y esta vez no solo vamos a poder disfrutar de una noche bonita y singular en Los Andes sino que también vamos a tener la suerte de asistir a un precioso amanecer.



      De nuevo sus autoras, Ana María Pavez, Constanza Recart y su ilustradora Paloma Valdivia han conseguido enamorarme y hacerme sentir Chile y ese viaje que tanto deseo un poquito más cerca.

      En serio, si podéis acceder a estos libros no perdáis la oportunidad de echarles un vistazo, son geniales.

      Un abrazo a todos y nos leemos.

martes, 17 de enero de 2012

Kiwala va a la selva.


     Cuando os enseñé mis regalos de Reyes os conté que, este año, el Viejito Pascuero se había acordado de mí, qué suerte, ¿verdad? Pues sí, mis tíos, Ajo y Paco, viajaron a Chile poco antes de Navidad y me trajeron dos álbumes ilustrados maravillosos y llenos de colores y de historias geniales. Hoy os voy a enseñar uno de ellos.



      Kiwala va a la selva es uno de esos cuentos emocionantes y llenos de aventuras que, en pocas páginas, nos transportan a lo más profundo de la selva y nos hacen sentir, de manera vertiginosa, todos sus peligros.

      Kiwala es una llama simpática que vive en la cordillera de Los Andes y tiene varios amigos inseparables, Cóndor, Puma, Serpiente... con los que, a lo largo de una serie de libros vivirá aventuras de todo tipo.



      En este caso, los habitantes del pueblo donde vive Kiwala se están poniendo enfermos y nadie sabe cómo curarlos. Por suerte, en lo más recóndito de la selva vive un chamán que puede ayudarles y Kiwala, Cóndor y Puma deciden ir a buscarlo. Pero la selva está llena de peligros y, aunque esta curiosa pandilla hace amigos allá donde va, deben tener mucho cuidado con el Caimán que quiere robarles unos amuletos de concha de spondylus para unirlos a su concha de strombus y así obtener poderes sobrenaturales y ser el rey del mundo.



      En fin, ya os imaginaréis que, por mucho que se cuiden estos animalitos, su excursión a la selva no va a ser fácil y va a estar llena de peligros y emociones.

      Debo decir que siento que estos libros no se publiquen en España porque no sé cómo voy a organizarme para, con el tiempo, ir consiguiendo el resto de la colección. Me han gustado mucho, no solo por sus colores y sus ilustraciones, basadas en imágenes precolombinas de culturas andinas de hace más de dos mil años, sino también porque, entre aventuras y personajes, con ellos vamos conociendo costumbres, leyendas y elementos propios de la zona donde viven Kiwala y sus amigos. El hecho de que la protagonista sea una llama y la acompañen animales tan característicos como el puma y el cóndor hace que nos situemos en un entorno que, por estas tierras, sentimos muy lejano y siempre es agradable saber más de los lugares que no conocemos. Además, en la páginas finales incluye un pequeño glosario muy interesante para que aprendamos palabras nuevas.



      Es cierto que, hoy en día, podemos encontrar álbumes ilustrados de todos los tamaños, colores y tipos. Los de Kiwala tienen la ventaja, bajo mi punto de vista, de contar con bastante texto, lo que permite que, junto a ilustraciones arrolladoras, la trama se pueda llenar de aventuras y curiosidades.

       Por si queréis echarles un vistazo, os dejo el enlace de la editorial, aManuta y yo volveré a hablaros de ellos pronto, porque os tengo que enseñar Kiwala y la luna.



      Junto con Inglaterra, Chile es uno de mis viajes soñados, por ser la tierra donde nacieron mi abuela y la Madrina y porque he leído tanto de ella que no me gustaría dejar de conocerla. Kiwala me la acerca un poquito más pero hay mil países que me gustaría conocer y a los que podemos acercarnos por sus cuentos, ¿me podéis recomendar alguno?

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