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martes, 20 de marzo de 2012

Los colores olvidados. Silvia G. Guirado.



    Pues sí, por fin estamos de vuelta y tenemos muchas ganas de que volvamos a charlar sobre libros y cuentos. ¿Habéis leído mucho en estos días? Matilda y yo bastante, pero ya os iremos contando.

     Siempre hay historias que nos llaman la atención desde el primer momento y que, cuando las conoces más de cerca, además te invitan a encariñarte con ellas. Mi relación con el libro que traigo hoy ha sido así.



     Oí hablar de Los colores olvidados hace un par de años y sin saber mucho del argumento, sus ilustraciones me gustaron tanto que quise indagar un poquillo más (y además los coloqué de fondo de pantalla en el ordenador). Me gustó la idea de que el libro existía en papel, pero también como aplicación para iPad, uno de los primeros intentos que yo conocía de hacer amigos a los cuentos y las nuevas tecnologías. De todos modos, aún no tengo iPad y por unas cosas y otras, al libro en papel solo pude echarle un vistazo rápido en una librería. Lo que vi me gustó, pero quería saber más y cuando Matilda nació, entre las dos tratamos de seguirle la pista a este cuento que aún no conocíamos. Y como la vida te da sorpresas, gracias a las redes sociales, Matilda se hizo amiga de Carmesina, la protagonista del cuento y yo tuve la gran suerte de conocer a Silvia Guirado, su escritora, para descubrir que tenían mucho más que contarme de lo que yo imaginaba y que no me había equivocado en mi primera impresión, Los colores olvidados era un cuento especial.



     Como Silvia es una persona maravillosa y no quiso esperar a que tuviera iPad, me envió los dos libros que tienen ya en la calle y estos llegaron, muy bien empaquetados, un poquito después que los Reyes Magos y me encontraron envuelta en un atasco de lecturas tremendo. Por suerte, poco a poco fui tachando títulos y pude dedicarme con calma a descubrir dónde estaban los colores olvidados.

     Como empiezo a tener más lecturas pendientes que tiempo he decidido incluir el ratito del desayuno en las horas lectoras, algunos días tengo mucho sueño y me cuesta un poco centrarme, pero, en general, es una manera maravillosa de empezar el día. Así nos conocimos oficialmente Carmesina y yo, compartiendo tostada, zumo de naranja y colacao (ya sabéis que esta es una comida importante) y así descubrí un poco de todo lo que tiene que contar.



     La idea de este libro nace nada más y nada menos que de una colección de camisetas, dicho así suena raro, pero si os asomáis a su página web lo entenderéis mucho mejor . A mí me pareció que eso lo hacía aún más especial.

     “Carmesina nació en el seno de una familia cualquiera en una ciudad triste de un lugar poco conocido. Vino al mundo en una mala época: los países iban a la deriva y el ambiente de hastío no era el más indicado para traer niños al mundo. Tal era el desaliento que sin saber cómo ni por qué hasta los colores empezaron a desaparecer, dejándolo todo de un gris frío e impersonal”.

    La verdad es que, si encendemos la tele y ponemos las noticias, casi parece que Carmesina y nosotros compartimos mundo, ¡pero no! Porque Carmesina no es una de esas niñas que se conforma con lo que hay si no se siente bien, ella está segura de que el mundo, en realidad, es mucho más que colores grises y está dispuesta a descubrirlo. ¿Creéis que nosotros podríamos hacer lo mismo?

     Y con esta reflexión, empezamos la lectura de un libro lleno de cuentos independientes y cada uno con un mensaje que darnos. De la mano de diferentes personajes (aunque siempre con el recuerdo de la historia de nuestra niña curiosa) vamos a enfrentar sentimientos y tal vez a conocernos un poquito mejor. Entonces, ¿este es un libro de autoayuda? No, este es un libro de cuentos que trata de devolvernos un poco de la alegría y el positivismo que los tiempos que corren intentan arrebatarnos.



     No es que vayan a darnos un sermón o a divagar sobre el sentido de la vida, simplemente vienen a recordarnos que, a veces, olvidamos que las cosas son más sencillas de lo que parecen y que si nos dejamos llevar por lo negativo, nos perdemos lo positivo. Ambas cosas conviven y hay que tenerlo en cuenta.

     Todo esto, envuelto en unas ilustraciones arrolladoras que llenan todas las páginas del libro y que nos transportan a lo largo de la lectura.

     Creo que los ilustradores y la escritora han hecho un gran trabajo porque consiguen que todo case a la perfección y que el texto y los dibujos se acompañen para que el conjunto llegue hasta nosotros.



     Es cierto que este no es un libro específicamente para niños (aunque hay algunos cuento que seguro que les encantan) pero es perfecto para esas edades en que están dejando de serlo y tanto ellos como nosotros, los adultos, podemos hablar largo y tendido sobre estas lecturas y compartir puntos de vista.

     En definitiva, a mí me ha parecido un libro genial, rebelde y valiente con un mensaje muy positivo y que nos tiende una mano para ayudarnos en esos días en que el ambiente triste que se respira en estos tiempos pesa más de lo que debiera.

    ¡Ah! Y además, mirad lo que había en la primera página, ¿no os parece de lo más normal que en haya encariñado tanto con el libro y sus autores?



     En fin, echadle un vistazo, por fuera parece mágico y por dentro, definitivamente, lo es.

jueves, 12 de enero de 2012

¡¡Más de 200 gracias!!




 
      Con todo el follón de las fiestas y mi vuelta al cole llena de pendientes (como todas, imagino), se me había olvidado agradeceros esta alegría. ¡Ya somos más de 200 compañeros de viaje!

      Gracias, gracias, gracias, de verdad, es maravilloso veros a todos por aquí, ¡son más de 200 empujoncitos para seguir trabajando y luchando por Matilda Libros!

      Espero no decepcionar y prometo que Matilda, Byron, Jaime y yo seguiremos maquinando cosas bonitas para enseñaros.

      Un abrazo inmenso a todos y ¡¡más de 200 gracias!!

miércoles, 11 de enero de 2012

Así de bien se han portado los Reyes Magos.


     Bueno, ya hace días que recogimos el árbol de Navidad y el portal de Belén y poco a poco vamos volviendo a la rutina. En estos días, además de disfrutar de mi familia todo lo que he podido, he descubierto libros para enseñaros y he hecho planes para este nuevo año que acabamos de estrenar así que, ¡tendré muchas cosas que contaros!

      Pero hoy, entre sorteos y con la mesa del despacho llena de notas sobre lo que tengo que poner al día, me apetecía enseñaros mis regalos de Reyes. No sé si yo he sido tan buena como para merecerlos. Todos son estupendos y me han hecho mucha ilusión. Ya veis que este año he abierto muchos paquetitos. ¿Qué os parecen?



      No está en la foto anterior, se me olvidó ponerla, pero también recibí esta caja de herramientas para mí solita. No es que yo sea una manitas, es que la caja de herramientas de Jaime se pasa la vida de un lado para otro y cuando yo necesito algo no hay manera de encontrarlo así que, ¡ya puedo reparar lo que quiera!



      Os enseño los libros más de cerca, ¿no son geniales? Estoy segura de que tienen mucho que contarnos. Los cuentecitos me los trae mi hermana de Inglaterra, son unos muñecos realmente simpáticos y se han hecho muy amigos del hada marcapáginas que los ronda desde que llegaron.



      Y ¿habéis visto mi ex libris? Se aprecia regular pero es que tenía que enseñároslo. Esa es la carita de Matilda en uno de sus primeros bocetos a lápiz y en papel. Linda, ¿verdad?



      Este año tuve mucha suerte, mis tíos viajaron a Chile y dicen que el Viejito Pascuero se acordó de mí. Me trajeron estos dos cuentos de los que os hablaré pronto porque son estupendos y este precioso marcapáginas de Valparaiso.



      Y Mila, compañera de mi abuela y de la Madrina desde hace años y sin la que mi gran familia no estaría completa, quiso que me acordara de ella cada vez que me preparo el té y una mañana de las que pasamos en Madrid llegó a casa con esta pequeña tetera y esta lecherita que me acompañan desde el desayuno hasta la cena.



      ¿Qué me decís? Creo que soy una persona muy afortunada porque los regalos son muestras de cariño de la gente que te quiere y yo, ¡he tenido muchos!

miércoles, 26 de octubre de 2011

¡Os presento a Matilda y a Byron!


        Esta tarde saldrán a la calle los primeros marcapáginas de Matilda, nuestra Matilda, la del blog, así que, he pensado que antes debería presentárosla.

        ¡Esta es mi querida muñequita! Os explico porqué es tan querida para mí. Matilda es un proyecto especial de mi hermano Rafa, diseñador gráfico que da sus primeros pasos en el mundo de la animación 3D, y le ha puesto mucha ilusión, cariño y sobre todo, muchas horas de trabajo a mi compañera de batalla en esto del fomento de la lectura.

       Sé que muchos pensaréis que no es muy bonita. Yo creo que es feilla pero encantadora y además, cuanto más la miro más me gusta. Además, creo que dice mucho de mi opinión sobre la literatura infantil y su fomento. Como dice Jaime, no todo van a ser princesas Disney, ¿no?

      Esta es su primera foto y debo reconocer que yo me quedé alucinada al ver lo complicado que hacer una foto de un muñeco en 3D, que si la luz, que si el vestido, que si la sombra de Byron...

       En fin, un lío, pero aquí está, saludándoos a todos y encantada de conoceros. En poco tiempo, en cuanto la web vea la luz, la veréis hablar y moverse, le sacaremos más fotos y la iréis conociendo más. De momento, esta es su primera imagen, así va a regalar esta tarde marcapáginas y yo quería presentárosla porque está un poco asustada ante su primera aparición y estoy segura de que con vuestro apoyo le será todo mucho más fácil.



      Os dejo también su presentación en la web para que sepáis más sobre ella.

        Supongo que Matilda es parecida a lo que yo sería (o quisiera ser) si me convirtiera en dibujito animado.

        Se llama así en homenaje a Roald Dahl. Autor de Charlie y la fábrica de chocolate, El gran gigante bonachón o Cuentos en verso para niños perversos, uno de mis escritores de literatura infantil y juvenil favoritos. Me pareció bonito y significativo pedirle prestado el nombre de uno de sus personajes para una web de fomento de la lectura. Pocos se preocuparon tanto como Roald Dahl por que los niños leyeran.

        Matilda es un poco tímida y miedosa y enseguida se pone colorada, como yo, pero cuando hace falta sabe darse ánimos y enfrentar la situación. Es simpática, muy agradable y muy tranquila, se enfada poco y cuando lo hace, el mal humor no le dura mucho, ¡considera agotador estar enfadado si no es por algo muy importante!

        Y es patosilla, las manualidades no son su fuerte y se le caen las cosas con frecuencia, sobre todo porque siempre intenta coger más cosas de las que puede.

        Vive en una seta que me dibujó hace años mi hermana con unas ceras que le regalé por su cumpleaños y su hogar es como los de los cuentos, claro, con flores en las ventanas, enredaderas en el tejado y muy acogedora. Tiene ratones pero a ella no le importa, son amigos y se portan bien.

        Tiene libros por todas partes porque le encanta leer en cualquier lado, en el sofá, en el suelo, en la cama, en un sillón, en la mesa de la cocina, en el baño...
Toma mucho té y tiene una tetera de esas que silban y tazas preciosas. También toma limonada y no entiende los desayunos sin colacao. Le encantan los helados y las galletas.

        ¡Ah! Y a Matilda también le gustan las noches mágicas, los murciélagos, las casas de brujas (con brujas, claro), los fantasmas, los búhos y la luna grande.

       Es una apasionada de las plantas en general y de los árboles en particular. Su mejor momento, leyendo con una taza de algo en algún lugar donde se vean las hojas de un árbol.

       Se pone las gafas para leer en el ordenador y aunque aún no sabe mucho de las nuevas tecnologías, está loca por aprender nuevas maneras de leer.

       También le gustan los animales y es muy amiga de Byron, que participa en la web porque es la “pata inocente” en los concursos. Él elige el papelito ganador y lo hace muy bien.

        Es una muñequita casera en general pero da saltos de alegría si va a merendar con sus amigos.

       Además, Matilda puede entrar en los cuentos, no los suele cambiar, los cuentos están bien así y no participa en ellos (salvo en casos muy concretos). Es amiga de sus personajes y se preocupa por saber cómo están o tomar té con ellos. Le gustan los buenos y los malos porque todos tienen algo que decir en cada cuento.

       A Matilda le encanta viajar, por eso es estupendo que pueda entrar en los cuentos, se planta en un bosque alemán o en un castillo irlandés en un momentito. Ella sabe lo buenos que son los libros para conocer otros lugares.

       Con respecto a la lectura. Lee de todo y le gusta hacer crítica de los libros, lo bueno, lo malo, lo regular… ¿por qué este da miedo o aquel es aburrido? A veces lee con un lápiz para subrayar y anotar cosas, ¡ah! Y lo primero que hace cuando adquiere un libro es ponerle el nombre, el lugar y la fecha.

       Le encanta que los libros le hagan reír y no entiende porqué no están tooooodos ilustrados.
También le llaman mucho la atención los botones, todos, da igual el tamaño o el color y por supuesto, colecciona marcapáginas, se lleva alguno de cada lugar que visita. Sus preferidos son, el de El País de Nunca Jamás y los que hace mi madre, de encaje de bolillos.

       Nada más, dentro de un rato disfrazaremos al blog de Halloween y mañana empezaremos con las recomendaciones para estos días.


       Como siempre, muchas gracias por la compañía y un abrazo a todos.

jueves, 4 de agosto de 2011

Una paradita.


          Pues sí, compañeros, Matilda y yo vamos a hacer una paradita en el camino, un alto de unas semanas en las que esperamos que no os olvidéis de nosotras.
          No nos vamos de vacaciones, si eso es lo que estáis pensando, todo lo contrario, vamos a ausentarnos porque Matilda Libros va a sufrir algunos cambios y estoy trabajando mucho para que eso sea posible.
          Si las cosas salen bien, de cara al otoño tendremos página web y en ella podremos ofrecer cursos, talleres, servicio de asesoramiento, cuentacuentos..., el blog seguirá funcionando pero seguramente cambie un poco y ¿a que no adivináis? Tendremos nuestra propia Matilda (es una muñequita preciosa y para mí muy especial, ya os contaré por qué) y dejaremos de pedirle prestada la suya a Roald Dahl. Por supuesto el nombre y todo lo que hacemos desde aquí no deja de ser un homenaje a ese gran escritor que, como siempre digo, todos deberíamos leer, por lo menos una vez.
           No pensaba cerrar el blog estos días pero la verdad es que hay mucho trabajo y prefiero centrarme en él para que salga bien. Además, tengo pensadas entradas muy interesantes y no quiero hacerlas deprisa y mal por estar pendiente de otra cosa.
           Mientras no estoy por aquí, os deseo a todos un feliz verano, lleno de lecturas y cuentos maravillosos y como siempre, os agradezco infinito el apoyo y el ánimo que siempre me habéis dado. Gracias a vosotros Matilda está creciendo :)
           Poco más, que os cuidéis y disfrutéis y que en unas semanillas me tendréis de nuevo dando la lata. Os dejo con mis duendes favoritos para que os saquen una sonrisa.
           Un gran abrazo.

           María (Matilda).

miércoles, 20 de julio de 2011

Un paseíto por Madrid.

               La entrada de hoy es un poco especial porque no traigo libro que enseñaros, ni consejos, ni nada de eso. Os quiero contar mi visita a Madrid de este fin de semana pasado, por lo menos un poco.
                Después de mucho tiempo queriendo hacerlo, por fin pudimos ir a ver a mi abuela, a la Madrina y a mis tíos, estábamos deseando, así que el jueves por la tarde nos montamos en el coche y pusimos rumbo a la capital.

              Era un viaje para disfrutar de la familia así que no hice muchos planes pero la mañana del viernes sí la dedicamos a un par de cosillas que no podía, ni quería dejar de hacer.
                Ya sabéis que Madrid es una ciudad muy grande pero nosotros tuvimos suerte y todo lo que teníamos que hacer era en la zona de Chamberí, menos mal, si no, no nos hubiera dado tiempo.
                El primer sitio que visitamos fue la editorial Langenscheidt. No os lo había contado aún pero, ¡van a colaborar con Matilda! Qué honor, ¿verdad? Para mí lo es ya que siempre la he considerado una editorial muy seria y respetable y ahora que empiezo a conocer sus libros de literatura infantil y juvenil, debo decir que estoy gratamente sorprendida. Conocía sus métodos y sus diccionarios y siempre me había parecido muy buenos pero no me enteré de que se sumergían en la lectura para los más pequeños hasta hace poco. Tienen bastantes cosas interesantes pero Mucki, un perrito encantador, es su estrella del momento. Tengo mucho que contaros sobre este tema pero como eso da para otra entrada, lo vamos a dejar para la semana que viene. Solo quiero animaros a que os asoméis a sus libros porque, aunque ya os contaré, de verdad valen la pena.


              Estuvimos muchísimo tiempo en la editorial y en cuanto salimos nos encaminamos a una tiendita que yo estaba deseando conocer, ¡La Cocinita de Chamberí! ¿Qué os voy a decir? Que es aún más bonita de lo que sale en las fotos y que te dan ganas de llevarte todo lo que hay en sus estanterías. La verdad es que no me la esperaba tan grande y me gustó muchísimo. Paloma, su dueña, me reconoció enseguida.  Es una persona muy especial, a mí me parece una valiente y una luchadora, pero además, trasmite mucha paz y es realmente agradable. Entre nosotros, yo la admiro una barbaridad. Su tienda es diferente a todas las demás y desde luego, tiene todo el encanto y personalidad del mundo.



               Lo pasamos muy bien allí, estuvimos curioseando las estanterías y viendo la tienda y como estaba llena de peques porque había un taller, aprovechamos para contar un cuento. Esto fue un poco una encerrona que me hicieron, jeje, pero la verdad es que disfruté muchísimo. Como me pilló de sorpresa no tenía ningún cuento preparado así que conté el último que había escrito que fue un pequeño regalo que le hice a una mamá bloguera y a su peque de De chupetes y babas.
                No sé si lo hice muy bien pero los niños se portaron de lujo, colaboraron y me aplaudieron así que yo, ¿qué más puedo pedir?


              Cuando salimos de La Cocinita ya íbamos justitos de tiempo pero no queríamos irnos sin pasar por El Dragón Lector, una librería infantil de la que ya os hablé y que a mí me tiene totalmente enamorada.  No solo es preciosa y tremendamente acogedora, es que además, en sus estanterías encuentras cuentos que yo no había visto nunca antes. En cada esquina hay un muñeco simpático, un cuadro precioso o una foto interesante, ¿os imagináis mejor compañía para los libros?


                Pilar, su dueña es, como Paloma, una persona a la que yo admiro mucho. Sabe de los libros y de su mundo y te cuenta cosas realmente interesantes. Conoce lo que tiene en las estanterías y eso es muy importante, pero además, ella y su marido se preocupan realmente por fomentar la lectura entre los más pequeños. Hacen muchos talleres muy originales y siempre están maquinando algo nuevo que ofrecer. Fue muy cariñosa con nosotros y la verdad es que nos encantó pasar un rato en su rinconcito de fantasía.
                Por supuesto, me compré un cuento, me lo recomendó Pilar y aunque os hablaré de él más adelante, puedo adelantaros que fue una estupenda recomendación.


                Como veis fue una mañana muy completa y divertida en la que Jaime hizo muchas fotos para enseñaros.
                El resto del tiempo, salvo algún recadillo y una multa en una zona que no estaba señalizada :s lo dedicamos a disfrutar de la abuela, la Madrina y demás familia. Hemos tenido la suerte de poder pasar mucho rato con mis tíos y la verdad es que el fin de semana se nos ha hecho corto. No sé para vosotros pero, en nuestro caso, ir allí, con la abuela, la Madrina y los tíos, me devuelve todas las buenas sensaciones de cuando era pequeña.


jueves, 28 de abril de 2011

Pequeño homenaje.

         Para los que, como yo, desde pequeñitos escribimos cuentos y nos refugiamos en hojas escritas y en blanco es muy bonito y especial ver como Ana María Matute, hace un par de días, recibía el Premio Cervantes. Y aunque la entradas para hoy del blog tenían que ser otra, esas la dejaremo para mañana o pasado ya que no he podido resistirme a dejaros aquí sus palabras cuando recogió el premio. Es un discurso largo, pero tan tierno, tan real y tan sincero, que desde aquí os animo, muy mucho a que lo leáis, vale la pena.
        He coloreado frases y párrafos que a mí me han gustado especialmente, espero que no os importe.



Majestades, Autoridades:
Sospecho que no soy la primera en decir que nunca, durante la larga travesía de mi vida (salpicada, por cierto, de abundantes tempestades), imaginé que llegara a conocer un día como este. Y, junto a la inmensa alegría que me invade, debo confesarles que preferiría escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que pronunciar un discurso, por modesto que este sea. Y no es que menosprecie los discursos: sólo los temo. Mi incapacidad para ellos quedará manifiesta enseguida, y, por tanto, me permito apelar a su benevolencia. Pero antes deseo hacerles partícipes de mi agradecimiento: este premio lo considero como el reconocimiento, ya que no a un mérito, al menos a la voluntad y amor que me han llevado a entregar toda mi vida a esta dedicación.
Así que esta anciana que no sabe escribir discursos sólo desea hacerles partícipes de su emoción, de su alegría y de su felicidad - ¿por qué tenemos tanto miedo de esa palabra? - a todos cuantos han hecho posible este sueño, sueño que me acompaña desde la infancia. Desde aquel día en que oí por vez primera la mágica frase: "Érase una vez..." y conmovió toda mi pequeña vida.


Érase una vez un hombre bueno, solitario, triste y soñador: creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida. San Juan dijo: "el que no ama está muerto" y yo me atrevo a decir: "el que no inventa, no vive". Y llega a mi memoria algo que me contó hace años Isabel Blancafort, hija del compositor catalán Jordi Blancafort. Una de ellas, cuando eran niñas, le confesó a su hermanita: "La música de papá, no te la creas: se la inventa". Con alivio, he comprobado que toda la música del mundo, la audible y la interna -esa que llevamos dentro, como un secreto - nos la inventamos. Igual que aquel soñador convertía en gigantes las aspas de un molino, igual que convertía en la delicada Dulcinea a una cerril Aldonza. Inventó sensibilidad, inteligencia y acaso bondad - el don más raro de este mundo- en una criatura carente de todos esos atributos, (¿Y quién no ha convertido alguna vez a un Aldonzo o Aldonza de mucho cuidado en Dulcineo o Dulcinea ... ).
El tiempo en el que yo inventaba era un tiempo muy niño y muy frágil, en el que yo me sentía distinta: era tartamuda, más por miedo que por un defecto físico. La prueba de ello es que esa tartamudez desapareció durante los bombardeos. O así lo creo. Pero el caso es que, salvo excepciones, las niñas de aquel tiempo, mujeres recortadas, poco o nada tenían que ver conmigo. Y traigo esto a cuento para explicar - y quizá explicarme de algún modo – mi extrañeza, mi entrega total, absoluta, a esto que luego supe se llamaba Literatura. Y que ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas.


          Sí, este galardón que tanta felicidad y optimismo me causa – y no olvidemos que el optimismo y los planes de futuro, a los ochenta y cinco años, son cuestiones a meditar o poner en tela de juicio - puede ser el colofón a la entrega de toda una vida que, en mis tiempos mozos, consideré en su mayor parte una "vida de papel". Y recuerdo. Recuerdo. Sólo tenía un amigo, mi muñeco Gorogó, que, naturalmente, más tarde incorporé a una de las novelas con las que me siento más identificada, Primera memoria. Aunque no haya escrito nunca una novela autobiográfica, estoy en sus páginas. Todo eran inventos, hasta que supe que en la Literatura - en grande -, como en la vida, se entra con dolor y lágrimas. Gorogó lo sabía, lo sabe y no me ha abandonado desde el día en que mi padre, teniendo yo cinco años, me lo trajo de Londres, donde lo llaman algo así como Golligow. Mi padre sabía que a mí no me gustaban las muñecas, ni los juegos de las niñas de aquel tiempo: mujeres recortadas, las llamé yo. Imitar a mamá y a las amigas de mamá era todo su futuro. Gorogó, como entonces, sigue conmigo ahora, lo llevo a todos mis viajes, y le sigo contando lo que no puedo contar a nadie (hoy también me espera en el hotel). Y sigo haciéndole partícipe, por ejemplo, del miedo que siento por tener que pronunciar estas palabras, y, sobre todo, ante quienes debo hacerlo. Gorogó, estás aquí - mi mejor invento -, estás a mi lado, viejo amigo, en este día inolvidable, con tu ojo derecho ya nublado, como el mío, aunque ya no luzcas aquellos cabellos negros, hirsutos, de limpiachimeneas dickensiano, aunque falten los botones de tu frac azul ... ¡Cómo nos parecemos, Gorogó! ¿Te acuerdas de aquel día, que hoy me devuelves con toda la añoranza y el encanto-desencanto que compone una vida tan larga ... ? ¿Y recuerdas la timidez, el asombro y la audacia de mis casi veinte años, cuando por primera vez me asomé al mundo editorial, del que lo ignoraba todo?


           La osadía que impulsa a los adolescentes y a los ignorantes y a los fabricantes de inventos y de sueños - ¿acaso no son, a veces, una misma cosa? -, todo eso me empujó a llevar mi primera novela - escrita años antes, a los diecisiete - a probar fortuna en una de las más prestigiosas editoriales. Pero mi mayor osadía era no sólo llevar una novela casi adolescente a una importante editorial, sino que, encima, la llevaba escrita a mano, en un cuaderno escolar, cuadriculado, con las tapas de hule negro (si alguien de mi edad me está escuchando, sabrá de qué tipo de libreta hablo. Eran las libretas de la posguerra). Yo iba a Destino cada día, con mi libretita bajo el brazo, diecinueve años y calcetines -que entonces estaban de moda a esa edad - y mi aspecto aún más aniñado del normal. Un empleado que se había fijado en (debía de resultar patética) se conmovió con mis pretensiones y mi libreta y me consiguió una entrevista con el director. Se trataba del novelista Ignacio Agustí, que acababa de tener un enorme éxito con su novela Mariona Rebull.
         Cuando vio mi cuadernito lleno de letras e "inventos", tuvo la delicadeza de no manifestar ni burla ni extrañeza. Debo agradecérselo, era un verdadero señor. Con infinita paciencia, me explicó que debía pasarlo a máquina y que ellos la leerían, y que ya me dirían algo. Aún hoy me sonrojo recordándolo. Era la criatura más ignorante y despistada de cuanto el mundo editorial se refería.
         Nadie de mi entorno, ni familiares, ni amistades, conocidos o saludados (como diría Josep Pla) había tenido nada que ver con el mundo editorial. Eran lectores, eso sí, pero de la confección de un libro lo ignoraban todo. Afortunadamente, la lectura y los libros no escasearon en mi casa ni en mi familia. Cosa que he de agradecerles, porque no era muy frecuente en la España de entonces.
Pocos días después, tuve la enorme alegría - y, por qué no decirlo, el vago temor- de que la editorial Destino me contratase el libro. Eso sí, con la sorpresa de mi estupefacto padre, a quien yo no había anticipado nada de aquellos afanes, y que fue requerido para dar validez a mi contrato con su firma, pues yo era menor de edad.
         Animada por el éxito de aquellos primeros pasos, y enterada de la existencia del Premio Nadal -que había ganado otra mujer joven,
Carmen Laforet, aunque ella era algo mayor que yo -, envié mi segunda novela, escrita a los diecinueve, con la esperanza de obtenerlo yo también. No fue así, pero tengo aún la satisfacción y acaso orgullo de constatar que quedó en tercer lugar, cuando se llevó el premio el gran Miguel Delibes.


           La novela citada, llamada Los AbeI, y escrita, que no publicada, a los diecinueve años, suplantó en el contrato a Pequeño teatro (que, once años más tarde, obtuvo el Premio Planeta). Y ese fue mi verdadero bautizo de entrada en el mundo editorial. Empecé a conocer a escritores y todo tipo de gentes de "invenciones", puesto que me aparté totalmente del que había sido hasta aquel momento mi entorno natural. Conocí y viví un clima distinto, muy distinto del que había sido el mío habitual hasta aquel momento, y que, paradójicamente, resultaba mucho más afín a mi naturaleza. Y continué inventando invenciones, y viene a mi memoria un día en que inventé el "arzadú"... Brotaba esporádica, espontáneamente, cuando buscaba el nombre de una flor. Si existía, vivía sólo en la memoria de su delicadeza, su color, su perfume, aunque no constara en ningún libro ni catálogo de botánica. Y, así, llegó un día en que estudiosos y minuciosos profesores y escolares americanos se
interesaron por el arzadú, y me brearon a preguntas: no lo encontraban por ninguna parte. Y yo, cobarde, me presté a seguir inventando el arzadú. Tuve que continuar inventándolo durante años, incluso me vi obligada a dibujarlo en las pizarras, y variaba su color, del rojo al blanco, según me pareciera pertinente... Desde aquí les pido perdón a aquellas gentes de buena voluntad. Tómenlo como lo que era: una invención más. La había introducido no sólo en algunos de mis cuentos, sino también en alguna novela; y, al fin, yo me lo creía, y me lo creo: el arzadú brota cada primavera, o cada otoño, en las vastas y ahora ya remotas colinas de los sueños. De los sueños que convierten Aldonzas en Dulcineas, y quién sabe cuántas flores más. Tantas como soñadores, o poetas existan.


        Y cuando por fin vi publicado por vez primera mi primer libro, Los Abel, dormí toda la noche con el ejemplar bajo la almohada. Y el gran honor con el que hoy se me ha distinguido reúne para mí tanto una trayectoria literaria como vital: no puedo separar la una de la otra. Desde que tengo uso de razón, he leído, he escrito, he escuchado... Desde aquel primer cuento inventado a los cinco años hasta este último libro, que los recoge casi todos, compruebo con satisfacción que por fin el cuento ha ingresado entre los géneros respetados de nuestra literatura. Aun cuando contemos con entre sus cultivadores desde el inmenso Cervantes, que honra con su nombre este premio, hasta los más recientes de nuestros escritores, jóvenes y no tan jóvenes, hasta hace poco aún se lo ha considerado literatura "menor". Pero por fin en España se empieza a reconocer en el cuento, en el relato corto, el valor y la importancia que merece.
         Sobre la famosa crueldad de los cuentos de hadas -que, por cierto, no fueron escritos para niños, sino que obedecen a una tradición oral, afortunadamente recogida por los hermanos Grimm,
Perrault y Andersen, y en España, donde tanta falta hacía, por el gran Antonio Almodóvar, llamado" el tercer hermano Grimm" -, me estremece pensar y saber que se mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política más o menos oportunos, y que unas manos depredadoras, imaginando tal vez que ser niño significa ser idiota, convierten verdaderas joyas literarias en relatos no sólo mortalmente aburridos, sino, además, necios. ¿Y aún nos preguntamos por qué los niños leen poco? Yo recuerdo aquellos días en Sitges, hace años, cuando algunas tardes de otoño venía a mi casa un tropel de niños y, junto al fuego - como está mandado -, oían embelesados repetir por enésima vez las palabras mágicas: "Érase una vez ... " y habían dejado la televisión para escucharlas.


         Yo no había cumplido los once años cuando estalló la guerra civil española. Unos niños acostumbrados a no salir de casa si no era acompañados por sus padres o la niñera nos vimos haciendo interminables colas para conseguir pan o patatas. No es raro, pues, que yo me permitiera, años más tarde, definir esa generación a la que pertenezco como la de "los niños asombrados". Porque nadie nos había consultado en qué lado debíamos situarnos. Nadie nos había informado de nada y nos encontramos formando parte de un lado o de otro, tal y como me confesó un día Jaime Salinas. Yo, ahora, sólo recuerdo que el mundo se había vuelto del revés, que por primera vez vi la muerte, cara a cara, en toda su devastadora magnitud; no condensada, como hasta aquel momento, en unas palabras -" el abuelito se ha ido y no volverá ... " - , sino a través de la visión, en un descampado, de un hombre asesinado. Y conocimos el terror más indefenso: el de los bombardeos. Y aquellos cuentos, aquellas historias "impropias para niños", añadieron en su ruta interna de niña asombrada un aprendizaje. Atroz. Mucho más atroz que los cuentos de hadas.
         En lugar de cuentos aislados, empecé a escribir entonces una revista, de la que era editora, escritora y repartidora, una revista “ a
Mano” que se pasaban unos a otros mis hermanos y mis primos, algún amigo... Había de todo: desde cuentos, por supuesto (que siempre acababan con un "continuará" del que yo aún no tenía clara noticia), hasta crítica de cine, con sus correspondientes fotografías recortadas de alguna revista. Y recuerdo ahora como, en medio de todo aquel horror, qué encanto, qué maravilloso invento de la vida era para mí aquella llamada revistilla... y todo lo que yo ignoraba, que sería lo que continuaría mañana ...


          Entonces escribí mi primera novela. Se llamaba Juanito y ocurría durante la Revolución Francesa. Pero pueden imaginar qué extraña Revolución Francesa relataba ... Claro está: me la inventé, pero algo tienen los inventos-sueños, porque, cuando durante la noche, toda la casa dormida, acudía al cuarto de mis dos hermanos, José Antonio y José Luis, y, ayudada por una linternilla de pilas, se la leía, protestaban cuando yo decía "continuará" (y eso quería
decir hasta la noche siguiente). Entonces parecía llenarse de magia la habitación a oscuras de los niños. Niños asombrados – como cuando, en cierta ocasión, vi surgir, al partir un terrón de azúcar en la oscuridad, una chispita azul-, algo que me reveló que yo sería escritora, o que ya lo era.
Con ello sólo quiero decir que aquella lucecita azul, aquel virus, no me abandonó nunca. Cuando Alicia, por fin, atravesó el cristal del espejo y se encontró, no solo con su mundo de maravillas, sino consigo misma, no tuvo necesidad de consultar ningún folleto explicativo. Se lo inventó, como la música de papá.
         Ahora, tras estas deshilvanadas palabras, ojalá haya logrado trasmitirles algo de mi alegría, mi gratitud por la distinción que aquí me trae. Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que trasmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado.
Muchas gracias.


        Hace años que quiero leer Olvidado Rey Gudú pero por cosas de la visa, aún no ha caído en mis manos, nisiquiera lo tengo en casa, pero lo bueno de los libros es que siempre siguen ahí así que, quién sabe, tal vez pronto...









martes, 29 de marzo de 2011

Cadena de libros.


CADENA DE LIBROS
¿Conoces la literatura que se cuece en otras comunidades españolas? ¿Y la del pueblo vecino? ¿O la de otro país? Es por eso por lo que mi querida amiga de El mundo del libro y Matilda os proponemos un juego. Queremos organizar una cadena de libros.


Consiste en que por orden de “inscripción” recomendéis alguna obra, autor, género, moda, etc. de la literatura del lugar al que pertenece el siguiente participante.
Para inscribirse basta con dejar un mensaje en el muro de El mundo del libro, sólo bajo el comentario que indiquemos. Pondréis “Me engancho” y vuestra ciudad, pueblo o comunidad.
Entre todos, un pequeño granito de arena para la PROMOCIÓN DE LA LECTURA.


 ¿Qué decís? ¿Os animáis? ¡Vamos! Seguro que es interesante. Pinchad en El mundo del libro para poder engancharos, ¡Yo ya lo he hecho!

jueves, 10 de marzo de 2011

Otro variadito

¡Qué barbaridad! ¡Últimamente no hago más que publicar variaditos! Por una parte, es que siempre estás surgiendo cosillas que contar, por otra, os voy a decir la verdad, me he quedado atascada y no sé qué libro reseñar ahora. Tengo una lista larga para los dos blogs pero no me decido, ¡ay! En fin, ya mismo me desatasco, lo prometo.
Bueno, lo primero, agradeceros mucho porque, ¡La reseña de La Mennulara ha ganado el concurso de Aventarte! ¡Gracias! Hemos apadrinado un libro estupendo y por supuesto, ya que os habéis animado a darle vuestro voto, os animo a que no dejéis de leerlo.
Además, estos días he encontrado una cosita que no conocía y quería enseñárosla porque me ha encantado.
Son los diez derechos del lector, escritos por Daniel Pennac (aparecen en su libro Como una novela) e ilustrado por Quentin Blake. Yo, como no, pienso imprimirlos y colgarlos en mi despacho J


Y de momento nada más, bueno sí, agradeceros también vuestra participación en el cuento de Matilda, está quedando chulísimo y yo estoy disfrutando un montón con él. A ver si le buscamos un título.

Ahora sí, nada más. Un abrazo grande a todos y nos leemos.

jueves, 3 de marzo de 2011

¿Me votáis?

            Hoy tengo una noticia genial que contaros. Ya os había dicho que participé en el concurso “Apadrina un libro” del blog Aventarte. Lo hice con una reseña de Cuando Matilda se haga mayor, la de La Mennulara y ¿adivináis? ¡He sido seleccionada como finalista! Me ha hecho mucha ilusión y por eso escribo hoy para deciros que si mi reseña os gusta podéis votarme dejando un comentario en la entrada de los finalistas.
            ¿Qué decís? ¿Me ayudáis a ganar un libro con muy buena pinta y un marcapáginas precioso?
            Os dejo el enlace para votar aquí.
            Gracias J

Como sabéis que me gustan los variaditos voy a aprovechar para agradecer a Marta de Un bebé en la mochila que me haya regalado un premio. ¡Gracias Marta! Os aconsejo que paséis por su blog, es super entretenido y relajante y tienen una casa rural en Huesca de lo más apetecible. Yo ya estoy ahorrando para caer por allí en cuanto pueda ;)
No voy a pasar este premio porque si me pongo a escribir tooooodos los blogs que me inspiran no acabaríamos nunca. De verdad, todos los que visito son importantes para mí y me encanta ver todas las mañanas los que han actualizado. Como siempre os digo, entre los visitas a otros blogs y las que me hacéis vosotros a mí estoy aprendiendo muchísimo y viviendo experiencias estupendas.


Para terminar y teniendo en cuenta que estamos en Carnaval os dejo aquí un pasodoble de una gran chirigota de Cádiz que habla de los libros. A mí me ha gustado mucho así que espero que vosotros también la disfrutéis.





Y nada más, como siempre, gracias por la compañía y un abrazo muy grande para todos.

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