martes, 30 de octubre de 2012

Humildes consejos y cavilaciones de una lectora voraz.


Lecturas fáciles y lecturas difíciles.

      El otro día llegó a casa un libro tremendamente gordo que me enviaba una editorial. Yo aún tenía que leer, antes de poder empezar ese, la primera parte que es igual de tremendamente gorda. Además, mi lista de pendientes de aquí a Navidad crece a pasos agigantados y rodeada de libros que me miraban expectantes comente: “si son fáciles de leer en una semana los he terminado”.

     Jaime, Byron y Hermione me miraron como si estuviera loca y Jaime, que es el único que sabe hablar (que no comunicarse, eso lo hacen muy bien los tres) me dijo: “¿Qué es un libro fácil? Y ¿cómo vas a leer esto en una semana? ¿Qué tiene que ver que sea fácil?”. En ese momento me expliqué regular pero me quedé pensando en el tema y por eso esta es la humilde cavilación del mes.

      Siempre me ha parecido revelador y curioso que haya libros de 1000 páginas que se lean en un suspiro y que, sin embargo, otros que apenas llegan a las 100, se eternicen en la mesita de noche. A veces ocurre, simplemente, porque el de 100 no nos engancha y no lo leemos casi nunca pero otras parece que no tiene sentido ya que sí lo estamos leyendo y nos está gustando. ¿No os pasa nunca?



      Bueno, pues una de las razones por las que, a veces, avanzamos como las balas y otras cada página dura media hora es por el hecho de que hay libros fáciles de leer y libros difíciles de leer. Y me diréis que todos están llenos de palabras y que la palabras se leen todas igual y una detrás de otra, ¿no? ¡Pues no! Las palabras no se leen todas igual y nosotros, en general, no las leemos una detrás de otra; en lineas generales, leemos un conjunto y de ahí sacamos la idea. Por eso es más fácil si el conjunto deja ver claramente la idea que quiere transmitir. Por ejemplo, los diálogos se leen con más facilidad que las descripciones.
Que un libro sea fácil o difícil de leer no quiere decir que sea mejor o peor. A veces, sí va unido a un lenguaje más elaborado, en el caso de los difíciles, por ejemplo, pero no siempre y no debemos hacer esa asociación de ideas de manera automática. Por otro lado, tampoco deben darnos miedo los libros difíciles ya que, si les damos su tiempo y su espacio, seguramente nos contaran historias maravillosas.

      Un libro con diálogos, con pocas descripciones, etc., suele resultarnos más fácil de leer porque nos descubre el mensaje de un solo golpe visual y por lo tanto, nos facilita la lectura y además, nos da la opción de pasar por alto estrofas sin perder información. De ahí que 500 páginas se nos escapen entre los dedos en poco tiempo haciéndonos disfrutar de la aventura y sin que, en ningún momento, el libro se nos haga pesado.



      Estos libros además, suelen ser ligeros y llenos de acción y por supuesto, intrigantes. Nos enganchan desde el primer momento y como queremos saber más y la lectura nos ofrece información continuamente, sin que tengamos que detenernos en párrafos que la frenen avanzamos de manera trepidante y no podemos soltar el libro, ¿os suena?

      Eso es para mí un libro fácil de leer. No es mejor ni peor, no me gusta más ni menos que el difícil, cada uno tiene su encanto porque, con este último, disfrutaré de cada palabra y de la tranquilidad de leer paso a paso, descubriré imágenes evocadoras, juegos de palabras y el placer de que un libro me guste por lo que me cuenta y por cómo me lo cuenta. Para mí, insisto, cada uno tiene su magia.

      Pero me gusta hacer esta distinción porque también, cada uno, tiene su momento y porque, cuando un libro es gordo regordo y pesa en la mano, no debemos asustarnos. Si es de los fáciles de leer será seguramente, una lectura corta y emocionante y si es de los difíciles y es su momento, nos regalará experiencias enriquecedoras y tremendamente bellas.



      Una de mis batallas perdidas, aún, en el fomento de la lectura es la de conseguir que los lectores, grande y pequeños, no le tengan miedo a los libros gruesos, por eso hoy os explico esta diferencia que, para mí es muy importante. Es cierto que los libros con muchas páginas imponen pero, a veces, un librito mucho más fino puede ser aún más complicado de leer porque si es un libro de lo difíciles, necesitará más tiempo y otro estado de ánimo.

      ¿Estáis de acuerdo conmigo? ¿Pensáis que hay libros fáciles y difíciles? ¡Contadme! Estoy segura de que no soy la única loca que tiene esta sensación.

12 comentarios:

Laura S.B. dijo...

Yo no creo que haya libros fáciles y difíciles, más bien se trata de que nos gusten más o menos. He leído libros que utilizaban un lenguaje muy arcáico, obras clásicas escritas en lírica que me resultaron más amenos de leer que muchas otras novelas actuales de lenguaje sencillo y directo. No se trata del estilo, ni del volumen, sino de cómo están escritos y de si es compatible con nuestros gustos lectores.
Eso es lo que hace que un libro sea cómodo de leer, o como dices, que sea fácil.
Por otro lado que sea cómodo, o se lea rápido, no queire decir que carezca de complejidad ;)

Rebeca de Winter dijo...

Sí estoy de acuerdo con tu reflexión porque es evidente que hay libros que se nos dan masticados y suelen ser precisamente los más gordos, como tú dices. También es cierto que suelen ser libros de evasión y entretenimiento y eso ayuda, pero es evidente que son libros donde abundan los diálogos y escasean las descripciones al detalle y eso los convierte en libros más fáciles de leer que otros. Es curioso, a mí nunca, jamás, me ha dado miedo un tocho pero últimamente me estoy acercando a libros más cortos, será que cada uno tiene su momento. Bss.

My favorites things dijo...

Hola Matilda: Pero qué hago allí leyendo, en medio de tu entrada?...Jijiji Me ha gustado mucho esta entrada, porque la mayoría tenemos libros que nos resultan fáciles de leer y va más allá de su tamaño (por ej. trngo una novela de 500 páginas que la he leído en menos de una semana y otra de unos 50 máximo 70 que me ha llevado todo el mes) Coicido con una parte del comentario de Laura, mucho depende si nos gusta mucho o no tanto.
Como siempre has logrado que utilice mis nueronitas (las 2 que tengo jajaja) y se me ha hecho muy ameno esta reflexión. Te mando muchos cariños y espero tengas un lindo martes! Besitos =)

Margari dijo...

Totalmente de acuerdo con tu entrada. Que a veces nos encontramos con tochos que nos duran pocos días, porque nos tiene tremendamente enganchados y también tenemos libros cortitos que tardamos y tardamos... Y a lo mejor hasta nos gusta, pero es un libro que pide ese ritmo. No más. O no era el momento del libro. Que la mayor parte de las veces, los libros nos piden su momento.
Besotes!!!

Matilda dijo...

Laura, yo creo que no es solo cuestión de que gusten o no. Hay libros que, por cómo están escritos requieren una lectura más sosegada y más atenta pero eso no quiere decir que sean mejores ni peores, ni más o menos entretenidos, ni que nos vayan a gustar más o menos. La llamada "literatura ligera" existe y tiene unas características pensadas para ser así.
De todos modos, como bien dices, los gustos lectores son importantísimos en estas cuestiones.
Gracias por venir a vernos :)
Un abrazo.

Matilda dijo...

Me encanta tu reflexión, Rebeca. Eso de que cada uno tiene su momento es tan cierto y tan mágico. Una de las cosas que le dan vida a esta pasión nuestra, ¿verdad?

Tienes razón en eso de que los libros gordos suelen ser obras de evasión. Supongo que eso es una de las razones por las que son fáciles.

A mí tampoco me suelen asustar los tochos pero reconozco que a veces me dan pereza.

Un abrazo guapa, gracias por venir a vernos.

Matilda dijo...

My favorites things, siempre tan linda. No ningunees a tus neuonitas, ¡funcionan estupendamente! Jeje.

Me ha hecho mucha gracia eso de que te veas aquí, ya ves, desde que Hermione llegó a casa los gatitos me han robado el corazón.

Coincido contigo y con Laura en la importancia de los gustos pero insisto en que no es lo único que hace un libro más o menos fácil de leer ;)

Un besazo, guapa.

Matilda dijo...

Totalmente de acuerdo, Margari. Los libros piden su momento y a los pobres a veces les forzamos a situaciones que no son nada propicias para su lectura. ¡Es que deberíamos escucharles más! ;)

Un abrazote inmenso, guapísima.

Shanny dijo...

Yo creo que no es tanto el grosor de un libro, sino la historia que contenga. Muchas veces nos topamos con esos enormes libros que leemos en una semana, mientras algunos cortitos los leemos en un mes.
No hay que tener miedo a libros grandes, sino, disfrutar de su historia en el proceso.
Un besín y me gustó mucho la reflexión.

Meg dijo...

De acuerdo con todo, no es ni mejor ni peor el más largo o el más corto o el que cueste más leer. Depende del momento y de las circunstancias. Es verdad que algunos imponen, y que otros más cortos cuestan la misma vida terminarlos. Me ha encantado la reflexión :-) Un besote!!

Matilda dijo...

Gracias, Shanny. Estoy de acuerdo contigo, no hay que tener miedo a los libros gordos, si la historia nos gusta, ¡nos vamos a alegrar de que nos duren!

Un besito.

Matilda dijo...

Gracias, Meg. Es una de esas reflexiones que a mí siempre me han llamado la atención, eso de leer en dos días un Harry Potter gordo, gordo y tardar un mes con un librito pequeño de Irene Nemirovsky. No es uno mejor que otro, es que cada uno exige su ritmo, ¿no crees?

Un besao, guapa.

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